Realtos de Chua

Las Glorias de Nelsón «Foco»

La habilidad halló siempre su hábitat predilecta en el cuerpo y el espíritu de Nelson Gil, a quien amistosamente, y sin que él lo tome como afrenta, yo le he dicho desde pequeño “Nelso Foco”. Creció en el mejor de los entornos : Los robles de Pío. Rodeado del alboroto matutino de las angoletas y del melodioso trinar de los chiros guaraperos; del olor inolvidable del mango maduro y del rojo incomparable de la ciruela y  la cereza. En cierta época del año los robles se vestían de amarillo y expelían un aroma que atraía a las abejas, las cuales transformaban en miel el néctar succionado de las flores. Vivió siempre rodeado de terrenos sembrados de chaco y maíz, cuyo asomo de las espigas  anunciaba que tan solo faltaba un aguacero para que se vieran coronados los sueños de los agricultores.

Quizás fue este entorno tan macondiano, el que sirvió de molde para el desarrollo de sus destrezas y habilidades. Desde la infancia fue el cazador más fortuito, llegando a cazar hasta diez conejos por jornada, solo comparable con los hijos de Taco Buco, que para esa época tenían el record de doce. Tan solo sus lazos agarraban los mejores tutueles y perdices, y a sus cebaderos llegaban las mejores especies de pájaros. Las iguanas que atrapaba, tenían siempre la mayor cantidad de huevos, todos en concha, ninguno en parapara. En los juegos siempre fue el mas destacado, siendo el bochador número uno en las competencias de bolas criollas, habilidad esta que le ha perdurado en el tiempo. Igual habilidad desarrolló en los juegos de billar y de truco, disciplinas en la que se tornó invencible durante mucho tiempo. Años después, se destacó en el béisbol, siendo el pitcher estelar que derrotó a la novena caraqueña en el juvenil celebrado en margarita en el año 1969.

Para comienzo de los sesenta, llego Juanchito procedente  de   tierras  Falconianas, y con él sus hijas: Un ramillete de muchachas de todos los colores y tamaños. Al igual que los colibríes que picaban la flores para succionarles el néctar, el amor picó a Nelso Foco y se enamoró de una de ellas. Fue en esa época que afloró su  habilidad para tocar la guitarra, instrumento con el cual se apostaba debajo del roble que queda frente a la casa de mi tía Flor María y empezaba a entonar canciones amorosas con un dejo de despecho por la falta de correspondencia. En su mayoría eran canciones que estaban de moda en ese entonces, tales como “ Mi muchachita no me dejes morir, Vuelve te ruego que no puedo vivir”. O aquella otra que decía “Rondando siempre tu esquina, Mirando siempre tu casa”.

Decidido a no declinar en sus propósitos comenzó a vestirse mejor, a bañarse dos veces al día en la posa de Pancho Núñez, a usar jabón de olor en lugar del tradicional azul, a hacer gárgaras de yerba buena mezclada con albahaca morada para el aliento, a aplicarse bicarbonato con limón debajo del sobaco. En una oportunidad se presentó en casa y pidió a mi hermano Moisés que le suministrara algo del “Bril Cream” que este usaba en el pelo para impresionar a Celita la de Nicasio. Usó tal cantidad de fijador que el pelo le quedó totalmente embadurnado, tanto así, que su abuela María  Malaver, cuando lo vio, le preguntó si era que lo había “lambío” una vaca.

Su primo Che el de Pabucho, nunca vio futuro en este romance, pues era bien sabido por todos, que al igual que el monólogo en las obras de teatro, aquí se trataba de un solo personaje en escena. La muchacha nunca se enteró de las pretensiones de Nelso Foco. Tan solo una vez llegaron a verse de frente, y el enamorado  solo atinó a balbucear: – Ah Mijaaá.

El tiempo se encargó de curar los estragos ocasionados en el alma de Nelso Foco a consecuencia de estos amores no correspondidos.

De esta experiencia, sacó algo positivo: Su afición a la música y al canto, habilidad que fue moldeando con el tiempo. Años mas tarde llegó a ser músico, compositor y cantante principal, del recordado conjunto navideño “Los Terribles”, llegando a la cima de la gloria con la interpretación de una de las canciones que todavía identifican el gentilicio tacarigüero, y que no es otra que “El Trapiche”.

Mas adelante, incursionó en el mundo de los negocios. Antes ya lo había hecho con las loterías, siendo dueño y señor de una de las bancas que mejores premios pagaban en el pueblo. Mediante este mecanismo logró ahorrar algo de dinero que le permitió incursionar en otros ramos. El progreso fue tal, que hoy casi nadie lo conoce por su verdadero nombre, todos se refieren a él como “Nelson Chicken”.

JESÚS “CHUA” SALAZAR

 

Fundación José Joaquín Salazar Franco

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