Realtos de Chua

La Guerra del Chicharrón

Al igual que el bagre guatero  ha cumplido durante milenios su misión ecológica en los mares y lagunas de Margarita, los  puercos trompa larga ejercieron esa misma actividad  en tierra durante mucho tiempo, Pareciera que entre ellos se hubiese sellado en algún momento un pacto de honor, cuyo único objetivo fue  siempre el sanear  su hábitat,  y de alguna manera dar una lección  al humano en lo tocante a normas sanitarias.

Otras veces, el dueño de la mercancía prefería hacer el mismo la matanza.....Particularmente en Tacarigua, los trompa larga  llevaron a cabo esa misión con mucha eficacia, persiguiendo con su muy desarrollado olfato a los pobladores, que a falta de un lugar adecuado, se veían obligados a hacer sus necesidades en cualquier sector del corral o conuco circundante a sus lugares de residencia   Durante mucho tiempo la especie Trompa larga se mantuvo incólume, proveyendo la materia prima  para la elaboración de los exquisitos chicharrones que con mucha abundancia se comercializaron en el pueblo en otras épocas. Esta situación se mantuvo invariable en el tiempo, hasta que empezaron a introducirse cambios que conllevaron irremediablemente a LA GUERRA DEL CHICHARRÓN.

Los trompa largas eran criados en diferentes escenarios (corrales cerrados o abiertos), y  alimentados normalmente con  sobras de sancochos, algunas especies vegetales tales como cepas de plátano, pira, verdolaga, auyamas y patillas pasmadas o pasadas de maduro, tuzas de maíz tierno, pandelaño y yuca aguada. Los mas privilegiados podían recibir en algún momento alguna ración del agua remanente del maíz sancochado  mezclada con nepe, que su dueño con muchos sacrificios, pudiera suministrarle. Esta dieta tan particular y monótona hacía que no existiera  una marcada diferencia en cuanto a sabor se refiere, entre un chicharrón obtenido de un trompa larga a otro. Una vez cumplido su ciclo de crecimiento y engorde,  la mercancía  era negociada a pie de corral, y trasladada al matadero particular de cada uno de los chicharroneros.  Otras veces, el dueño de la mercancía prefería hacer el mismo la matanza,  y aumentar su margen de ganancia al venderlo ya despresado.

Dentro de la industria chicharronera Tacarigüera hubo muchos actores, no obstante los mas destacados entre ellos fueron dos: Valentín y Nicanor. Ellos dedicaron buena parte de su actividad comercial a la compra del trompa larga a pie de corral o despresado, para luego distribuirlo, ya transformado, en chicharrón.

La calidad era de tal magnitud, que muchos compradores de otras poblaciones llegaban al pueblo en busca de la mercancía....No podemos decir que hasta ese momento hubiese alguna competencia por mantener el monopolio del negocio, ya que en realidad el producto terminado de ambos  comerciantes era de una excelente aceptación; ello debido por supuesto, a que la procedencia de la materia prima era similar. ello debido por supuesto, a que la procedencia de la materia prima era similar.

La calidad era de tal magnitud, que muchos compradores de otras poblaciones llegaban al pueblo en busca de la mercancía, la cual compraban al mayoreo, para luego venderla detallada en sus pueblos de origen.

Este estandar de  calidad se mantuvo durante muchos años, hasta que los Organismos Oficiales decidieron emprender la construcción de escusados en cada una de las viviendas del pueblo. Esta decisión vino a introducir un cambio bien significativo en el sabor de los chicharrones.  Fue a partir de ese entonces que empezó a percibirse  que algo faltaba o había alterado el sabor del exquisito manjar. La primera señal la dieron lo foráneos mayoristas quienes poco a poco fueron dejando de aparecer por el pueblo en busca de las maras del producto. Este evento causó gran impacto en la economía  Tacarigüera, pues la venta de chicharrón era una buena fuente de entrada de divisas.

A partir de ese entonces empezaron a complicarse las cosas. Tanto los chicharroneros como los criadores del trompa larga vieron mermadas sus ganancias; y realmente lo que les causaba más indignación, era el no conocer a ciencia cierta la razón específica del desmoronamiento del negocio. Unos alegaban que la calidad del nepe suministrado por Ernesto Ordaz ya no era la misma,  y se cambiaban de proveedor, haciendo un largo trayecto hasta los almacenes de Emilio Quijada; pero los resultados eran los mismos: Chicharrones insípidos. Otros atribuían el cambio a las constantes sequías que impedían que la pira creciera en su máximo esplendor, negándole nutrientes a la cepa Llegaron a asociar el evento, hasta con la maldición de feroz. Muchos desistieron con el tiempo de esta actividad y se dedicaron a la siembra; pero Valentín y Nicanor no estaban dispuestos a declinar tan fácilmente. Ellos tenían el compromiso de buscar una salida a tan complicado dilema, o de lo contrario serían condenados irremediablemente a la quiebra total.

Fue por pura casualidad que el negocio volvió a estar en el tapete de la rentabilidad. Teodoro Gil estaba criando un trompa larga al cual alimentaba con chocoras pasadas de maduro, auyamas pasmadas, mangos, cepas de plátano y algo de nepe. En algún momento se le coló dentro de esa dieta un mango con trementina, y el animal comenzó a sufrir de calambres en las coyonturas y mas luego parálisis total. Temeroso de que se le muriera sin  sacarle ningún provecho, se lo ofreció en venta a Valentín por la mitad de su verdadero precio. Una vez convertido el lechón en chicharrón, se percibió un aroma diferente. Del olor pasaron al sabor, y Valentín no pudo evitar un grito de satisfacción. Conocedor del incidente de la trementina, asoció el mismo con el resultado obtenido, y decidió en ese momento ser el único dueño de su secreto. A partir de ese entonces, solo hacia negociaciones a pie de corral. No aceptaba animales muertos. Trazó su estrategia muy bien planificada y construyó un corral, en el cual confinaba por no menos de una semana, a los trompa larga recién adquiridos. Durante ese lapso  solo les suministraba mangos con trementina. A decir años después por el propio Valentín, se trataba de un aderezo en carne viva. El éxito fue total. Nuevamente se recuperó la clientela y la prosperidad  volvió a florecer, con la diferencia de que  la misma, arropaba a tan solo un comerciante.

A través del cristal de sus lágrimas, Nicanor contemplaba el crecimiento vertiginoso del negocio de su competidor, mientras el suyo se desmoronaba en franca decadencia. Miraba con asombrosa consternación como los pobladores se presentaban arepa en mano en los alrededores de la chicharronera de Valentín,  y tan solo el olor  del manjar les era suficiente para degustar la misma. Así que decidió mandar al carajo la dignidad, y una tarde se presentó casa de su adversario con la pretensión de que este le revelara su secreto.

Al recibir la negativa por parte de su homólogo, no le quedó otro recurso que emprender una competencia desleal, dándose de esta manera inicio a  LA GUERRA DEL CHICHARRÓN.

La primera acción de Nicanor fue la de bajar a la mitad del valor real el precio de su producto; pero esta estrategia no le funcionó, y terminó con un serio déficit . No obstante, hizo caso omiso del balance contable, y llegó a ofrecer la mercancía a precios irrisorios, y en algunos momentos hasta gratis. Estas decisiones, por poco lo llevaron a la quiebra total. Valentín por  su parte navegaba en el mar de la prosperidad y se daba el lujo de aprovechar cualquier oportunidad para promocionar su producto. Tanto era así, que cuando llegaron a pedirle colaboración para la compra de los caramelos  de aquellos Carnavales  en los que reinó PETRA I, el hizo la propuesta, y le fue aceptada, de que en lugar de caramelos, se lanzaran chicharrones desde la carroza. Producto de la depresión, Nicanor buscó refugio en la bebida, y fue en una de esas noches cuando se encontraba en el bar de Chico Melchora donde conoció a a Frank Smith.

Este era un Canadiense que había trabajado con la Soconi en la explotación de petróleo y que había sido despedido por su alto apego al alcohol. Enterado de los acontecimientos, Smith manifestó el tener la solución del problema, y  convenció a Nicanor para que le costeara un viaje a su lugar de origen. El trato se llevó a cabo, y meses después  Frank Smith se presentó en el pueblo con un cazar de cochinos colorados cuyas proporciones anatómicas superaban en mas de cien por ciento al enclenque trompa larga. Fue de esta manera como se introdujo la raza del cochino americano en el pueblo y que permitió a Nicanor volver a la palestra del negocio chicharronero. Con el tiempo hasta el propio Valentín solo aceptaba cochinos americanos para su procesamiento, empujando para siempre al trompa larga al precipicio de la extinción.

JESÚS “CHUA” SALAZAR

Fundación José Joaquín Salazar Franco

Visita nuestro Facebook y Síguenos...