Denis Rodríguez

Era sábado Sancocho de Gallo a Sancocho de Piedras

EN MEMORIA DE UN BUEN AMIGO: TOMASCHÁN

Tomaschán fue al patio y agarro su gallo. Se lo metió debajo de un brazo y salió caminando hacia la casa de Ninito. Llevaba un gallo muerto. En pocos minutos sería piezas de un sancocho que prepararía Chendo y que comería conjuntamente con Ninito, Gustavo y Millo. Tomaschán, le hablaba por última vez su gallo. “Que vaina contigo, eres el peor gallo que he tenido en mi vida, ni te gustó gallina, eres  peor que el gallo de Pascualina, que no sabía pelear, pero cogieron raza de la fina. Yo que creí haber hecho un buen negocio cuando te compré a Juan Romero por cuatro pesos, que creí que me iba ser rico ganado peleas por todas las galleras de Margarita. Ojalá seas presa buena de sancocho, porque por sancochero no va ser, Chendo cocina bien y siempre trae verdura fresca y buena.  Que vaina contigo gallito”.

Tomaschán  caminaba ya por El Conchal. Era  sábado y El Conchal ese día  amanece alegre. Sólo él iba triste. Vio un grupo de gente careando gallos. Se acercó. Allí estaba Berto el de Regino  con varias jaulas de gallos. Gallos finos: de bellas estampas, de colas altaneras, de portes imponentes. Que diferencia con su gallo.

-¿Para donde vas con ese gallo Tomaschán?, dijo Berto.

tomaschan-Voy a regalárselo a tu tío Ninito para que coja cría, ya esta muy viejo, peleó mucho… Mintió, por aquello que gallero que se respeta nunca habla mal de sus gallos en público.

– Por qué no me lo prestas para carear este gallo fino que tengo. Este comegallo.

– Porque tu gallo seguro malogra el mío y yo ya se lo prometí a tu tío Ninito.

– No te preocupes, que si eso pasa, que puede pasar, yo tengo muchos gallos buenos que puedo regalarle a mi tío.

Soltaron los dos gallos, el gallo de Berto, arrogante, veía al gallo de Tomaschán con desprecio; el gallo de Tomaschán, mostrando un orgullo nunca antes visto, rastreó el suelo con su pico como buen gallo, se movió primero a la izquierda y luego a la derecha, mientras que el otro lo observaba  con asco.

De repente dos escaramuzas rápidas y violentas, un quiquiriquí sonoro y para sorpresa de todos los presentes, el gallo fino de Berto estaba patas para arriba muerto,  parecía a un humilde tortolito que le han pegado a piedra. Todos estaban anonadados, estupefactos, sólo un grito alegre y sentido: el de Tomaschán:

-Ese el mejor gallo del mundo, no hay gallo como mi gallo.

Agarró su gallo, lo metió debajo de un brazo, alegre y corriendo se alejó del sitio. Atravesó la vereda, cruzó la calle principal por un sitio peligroso sin ver para los lados  (bajaíta de Caria), llegó al portón de la casa de Ninito. Allí estaba los sancocheros esperándolo.

-Trae rápido ese gallo, que ya la verdura está hirviendo, dijo Chendo.

– Este es mucho gallo para comerlo en un sancocho.

– Será ahora, por ayer nomás no servía para nada.

-Eso era ayer, pero hoy es hoy amigoos. El viernes que viene lo jugamos en la gallera de El Norte por cuatrocientos pesos.

Tomaschán contó con lujo de detalles la pequeña pero triunfal pelea de su gallo, el mejor gallo del mundo.

-¿Entonces de que hacemos el sancocho? Preguntó Ninito.

– Será de piedra, pero de mi gallo fino no, dijo Tomaschán.

Los sancocheros y comensales terminaron comiendo un potaje de verdura que Tomaschán ponderó como el mejor que había comido en su vida. Gustavo y Millo después de comer y seguir tomando unas cervezas, filosofaron: si el gallo de hoy, fuera el de ayer, a lo mejor a estas horas estaríamos hablando como Guillermina.

Saludos Tacarigüeros,

Denis Rodríguez

Fundación José Joaquín Salazar Franco

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