Denis Rodríguez

NICHO Y LINA

El amor que sintieron estas dos almas siempre esta presente en el recuerdo de la gente romántica del Pueblo.

Se conocieron en la Capital, estudiaban en la Universidad. Un día cuando Nicho iba a entrar en el tranvía, coleándose, Lina que estaba en la cola esperando el transporte y no lo conocía, gritó que no lo dejasen montar. Nicho vio a Lina por primera vez. Ambos eran margariteños. Días después, el patio de la Universidad se encontraron nuevamente y se presentaron, Ella estudiaba Ciencias Políticas y Él Ciencias Física y Matemáticas, el tenía dos años estudiando, ella empezaba. El amor entró en ellos de una manera suave. Fue un año en el cual sucedieron hechos que cambiaron la vida del País, era el año veintiocho. Nicho participó activamente en las luchas estudiantiles. A mediados de noviembre de ese año fue detenido y pasó catorce meses preso en el Castillo de Puerto Cabello. En esos meses encarcelado se mantuvo dando clases a sus compañeros y al la vez recibiendo de varios de sus profesores que también se encontraban presos. Las cartas de Lina fueron siempre su esperanza, sus temores y alegría.

Nicho salió de la cárcel y volvió a la Universidad, buscó a Lina y no estaba, se había retirado de su Facultad. El se graduó seis meses después de Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas, el primero del Pueblo que ostentaba un título Universitario. Regresa a su pueblo y es aclamado por todos.

Corrobora Peruchito: cuando llegó Nicho al Pueblo, aquello fue una fiesta, la gente no cabía de la casa de sus Padres, fue muchas la invitaciones a sancochos y saraos que tuvo, que aunque Nicho correspondía afectuosamente a las muestras de aprecios. Él se mostraba a veces triste.

Nicho se entretenía cumpliendo con las invitaciones que le hacían. Un día salió al Pueblo de Lina, preguntó por ella, no estaba, no había regresado de Tierra Firme. Se quedo en el Pueblo de Ella un rato sentado viendo las olas llegar a la playa a la arena besar, hasta que se aburrió de luz. Triste regresó al su Pueblo. Una noche jugando dominó en la bodega de Ernesto, con Erenio, Vicente y Avelino, pasando la tarde, un presentimiento lo tenía distraído, pensaba mucho en Lina, jugaba muy mal. Erenio su compañero, que lo quería y respetaba mucho, era el único que lo llamaba Doctor Dionisio, se sintió tan desesperado por su juego, que llegó un momento que ante una mala jugada de él, dijo –mira el temiga de dejó horcar la cochina. . Nicho no dijo nada, se levantó caminó y la vio. Lina lo vino a buscar. Sonrió cuando escuchó que Vicente dijo –Aymimá, el vergajo se fue con una mujer y nos dejó jugando solos.

En Nicho y Lina el amor se le relevó como la fuerza centrípeta de sus vidas, centro de gravedad capaz de paralizar los momentos en una eterna duración. Sus vidas fueron tan felices y tan plenas, tan densa de significados y tan valederas de ser vivida. Por eso ese amor nunca se olvidó en el Pueblo.

Corrobora Peruchito: Era tan hermoso el amor de esos seres, que los días para ellos duraban siglos, que basaban su fuerza en dormir y despertarse juntos, nunca vencidos; como el amor que él siente por Camucha.

Fundación José Joaquín Salazar Franco

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