Denis Rodríguez

La Cuerda del Ahoracado

Siempre vio en el closet una caja discretamente escondida entre tanta ropa. Nunca la tocó ni la abrió. Era algo que su esposa guardada celosamente y que formaba parte de la herencia que había recibido de su Padre. Un día por descuido  tropezó con la caja, esta se abrió y pudo ver que dentro de ella una cuerda vieja y fea. Cerró la caja y pasó mucho tiempo para que volviera  hablar de ella  con su esposa, tomarla en sus manos colocarla para siempre  en un punto importante de su bodega.

Ramón el bodeguero, como todo el mundo lo conocía en Tacarigua, era un hombre humilde y trabajador que tuvo la suerte de casarse con una bella mujer que había heredado una fortuna de su padre. Ramón y su esposa formaron  un hogar que mantenían con el fruto del trabajo en la Bodega. Ramón trabajaba duro y le gustaba leer. Leía  variados temas. Se interesaba por libros de mercadeo y publicidad, quizás fue el primer publicista del Pueblo: su pequeño negocio  siempre  aparecía  en los periódicos con anuncios que el redactaba, daba  ofertas, hacía  promociones para la gente comprara en él. Aún  los viejos del Pueblo recuerdan cuando rifó entre sus clientes un burro negro que se ganó un muchachito muy sortario  de Los Andes, familiar mío. Pero lo cierto del caso es que Ramón no sentía compensado su  esfuerzo diario. Comparaba su bodega con las bodegas de Toporo, de  la Calle Real, la de El Conchal y la de Los Andes, estas  eran unos supermercados con relación a la de él, inclusive un muchacho que solo vendía papel higiénico ya era rico. Esos bodegueros eran gordísimos como si hubieran vendido todo al contado mientras él que también vendía a contado era más flaco que la Ánima de Juan Salazar, cada día más arruinado y lo más que le disgustaba era  tener que pedir dinero a su esposa para invertir en la bodega.

Un día reunido en el Centro Cultural Guevara, le llamó la atención un libro que casi nadie leía, de un francés. Uno de los poetas malditos: Charles Baudelaire. Leyó un texto que se refería a la cuerda de un ahorcado y las ventajas de tener una. Sintió un presentimiento y se fue a su casa e interrogó a su mujer. Esta confesó que  lo guardado en esa caja era una cuerda de un ahorcado, que su padre heredó de su padre, su abuelo heredó de su padre y su bisabuelo heredo de su padre y que por eso siempre fueron bodegueros prósperos.

– Mujer ¿Porqué no me la has dado? Así no trabajara tanto.

– Es que te quiero mucho y no quiero perderte.

– ¿Porqué dices eso?

– Es que el bodeguero que tiene una cuerda de ahorcado, no solo tiene prosperidad en el negocio sino que también los buscan muchos las mujeres.

Ramón abrazó a su mujer y le prometió que nunca la traicionaría, promesa que cumplió hasta que ella se murió.

Fundación José Joaquín Salazar Franco

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