Biografía de Francisco Cándido Sánchez
Escrita por Domingo Carrasquero Ordaz

Transcurría  en relativa calma un día de Santa Rosalía del año 1.904 cuando en horas de la tarde, de aquel 04 de septiembre  María Natividad González trajo al mundo a Francisco Cándido Sánchez González, conocido como el Maestro Cándido y como Cango para sus amigos y familiares. Coincidencias de la vida, nació un día 04 del año  04, menos mal que en esa época no estaban de moda los juego de  terminales y triples , porque sino, a lo mejor, Francisco Sánchez, su padre hubiese  apostado ese día por lo menos dos fuertes o quizás una de las morocotas del entonces.

Las coincidencias siguieron: Cándido fue un niño travieso que desde sus inicios mostró interés por el  origen de las cosas, conocer la raíz de los problemas, profundizar en los detalles; coincidencias por cuanto esa es la característica básica de los educadores: conocer para enseñar; coincidencias porque en el mismo pueblo, en los mismos cerros y en la misma tierra, Cándido empuñó el arado y abrió surcos en el camino para alimentar la esperanza de los familiares.

…yo oía cantar una  pespés y los sonidos me parecían musicales, me quedaba  extasiado oyéndolas cantar, apreciaba su  arpegio, era un  tono y un timbre extraordinarios;  descansaba con esa música  enternecedora; pero  papá no me creía y pensaba que estaba  flojeando…..apúrate, Cándido que estás atrasao y yo seguía con mi azadón cortando la tierra, y oyendo a la pespés.

Coincidencialmente, su infancia transcurrió en su lugar de nacimiento, paseando las calles, subiendo los cerros, arando los camellones, esyerbando (eshierbando) el malojo, construyendo los surcos para el chaco y regando el maiz y el chimbombó. Por las noches, hasta  las 8,  jugando el escondío, el palito mantequillero y oyendo a los mayores contar las historias de los duendes, las chiniguas y las lloronas.

En ese entonces la vida era dura, vivíamos  de la tierra y  con el dinero de vender algún huevito de gallina o cuatro mazorcas, comprábamos pescao salao y café para  variar la comida; jugábamos  trompos hechos de palos de guayaba, picha y hoyo y remontábamos voladores apostando cual llegaría mas lejos;  el agua teníamos que irla a buscar al riachuelo del Copeicillo al pie de los cerros de San Sebastián y de regreso a las casas, cuando se presentaba la oportunidad, tomábamos prestadas algunas patillas o melones.

En sus comienzos educacionales fue uno de los primeros discípulos del Bachiller Pablo Romero González, uno de los pioneros de la enseñanza tacarigüera; este año se estima en 1.915 por  cuanto los primeros bachilleres de La Asunción egresaron entre 1.914 y 1.916 y ya Romero González era Bachiller y enseguida lo nominaron para venir a Tacarigua. Aquí estuvo hasta el Tercer Grado y posteriormente fue enviado por sus padres hasta Santa Ana, donde bajo la tutela de Apolinar Figueroa culminó sus estudios de primaria superior. Otra coincidencia: fue el Director de la Escuela Apolinar Figueroa, su maestro, hasta su jubilación de la educación.

….uno se  sentía con un miedo entre el cuerpo cuando regresaba de noche a  Tacarigua y los compañeros empezaban a hablar de  la llorona o del conejo de macanaito; eran terribles esas noches sin luna, ese viento frío de los diciembres y eneros; cualquier ruido nos asustaba aun cuando entre todos nos dábamos ánimo, la solidaridad era indispensable para todos; eran todas las noches de lunes a viernes, todos los meses y todos los años….. eran duros aquellos tiempos.

Culminada  su educación primaria regresa a Tacarigua, de donde nunca se había ido para dedicarse hasta los 17 años al cultivo de la tierra, lo cual nunca había dejado. En el interin se dedicaba a ayudar a la gente del pueblo a poner ampolletas, a escribir cartas a los familiares lejanos de quienes no sabían. Ese año, cuando cumplió sus primeros 17, nació en nuestro País el Cardenal Rosalio Castillo Lara y a  esa edad contrae matrimonio con la joven Prima Margarita Rojas y cuatro años después tiene su primer hijo: José de las Nieves.

….recuerdo que fue un 5 de agosto del año 25 que me nació mi primer hijo a quien pusimos  José y ese día cogí una lambequicio que  hasta el sol de hoy no he podido olvidar; el nació en plena Calle Real, al lado de donde ahorita está una tapia pegada de la Panadería; estuve repartiendo los miaos como tres días seguidos , era algo que se tenía que celebrar; yo andaba orondo y orgulloso, figúrate, el primer hijo y varón y allí se me fueron poniendo los ojos de todos colores y yo con mis palos de ron que me llegaban hasta el esternocleidomastoideo;  el ratón se me convirtió en un canguro, pero con mi orgullo en el porsiacaso y mi muchachito rozagante.

En 1.936 se inició en la docencia como maestro de primer grado en  Tacarigua; ya habían nacido otros hijos, Petra, Angel, Hilda y Argenis; compartió sus deberes con maestros de alta figuración en la docencia margariteña como Heraclio Narváez Fermín, Rosauro Sanabria, José Jesús Salazar, Anibal Larez, Ruben Marcano, Roque Nuñez, siempre en Tacarigua hasta que fue transferido hasta el caserío Bolívar en El Maco.

Durante todo ese tiempo batí el record de compadrazgos en mi pueblo, tuve como 100 ahijados de los cuales un alto porcentaje son y fueron profesionales de alto impacto regional y algunos nacionales;  también me casé como 20 veces, en representación de personas que no podían venir a la Isla y me nombraban su apoderado para casarme en nombre de ellos;  me nombraron Primera Autoridad de Tacarigua, nació mi hija Ismenia y luego mis hijos Arsenio, Cruz y Hernán, antes había tenido a Julia Mercedes, Cándido Salvador y Luis; compuse varias canciones al lado del Maestro Uribe y mi compadre Foro González, escribí en el periódico El Heraldo de Margarita que dirigía  el escritor Enrique Bernardo  Nuñez y publicado en La Asunción; también me desempeñé como Vocal del Concejo Municipal del Distrito Gómez hasta el año 1.958; una de las personas a quienes recuerdo con mayor cariño es a mi compadre José Jesús Salazar con quien trabajé cerca de 20 años, de esas correrías recuerdo una décima que escribí  cuando  me contaron que Lango Mata, de Santa Ana, había tenido un tropiezo, rascado con el Maestro Salazar:

Un caso que sucedió
En la Villa de Santa Ana
Lo supe, hoy en la mañana
Y por cierto, me sorprendió;
Aquel que me lo contó
No me supo detallar
Solo me pudo explicar
Algo de lo sucedido
Que a golpes se habían caído
Lango Mata y Salazar

Allí se desempeñó como Maestro de Sexto Grado hasta su nombramiento como Director de ese Grupo Escolar denominado “ Apolinar Figueroa” ; su jubilación ocurrió el año 1.968, con 64 años a cuestas y 32 de ese apostolado humano como es el repartir conocimientos a los que, de alguna manera, representan el futuro de nuestra historia y nuestra cultura.

En el  Maestro Francisco Cándido Sánchez González  queremos premiar al ductor de juventudes, al forjador de talentos, a uno de los paladines de la educación margariteña, a un hombre que ha contribuido a hacer de Tacarigua, un pueblo con un alto coeficiente educacional, a una persona que escribió con letras imperecederas la palabra APÓSTOL, con mayúsculas.

…..un día, de esos que no faltan nunca y que solo Dios conoce su profundidad y sus misterios me dirigí hasta Porlamar por la antigua carretera que va desde  Punta de Piedras hasta esa ciudad cuando perdí la vida; iba acompañado de uno de mis mejores amigos, Tomas Ordaz, Tomasito, el de Chuchú, enlutando a mi familia y sin ninguna oportunidad para seguir recibiendo el aire refrescante de El Portachuelo.   Fue un día Viernes, 21 de Diciembre de 1.970, coincidiendo con las pascuas me despedí de la vida. El Ejecutivo regional para premiar mis esfuerzos en pro de la educación en mi Isla de Margarita, denominó a una Escuela del Sector Bellavista de Porlamar con mi nombre, por lo cual mis hijos, están altamente agradecidos de esta decisión. También supe que, aunque atrasada, el Ministerio de Educación me confirió una placa que nunca pude ver… bueno, cosas de la vida que se conocen con la muerte.


MAESTRO

A mi padre Cándido Sánchez González.

Faro de luz, guía experto que el camino,
Enseñas con el más sincero empeño,
Timonel que sin fruncir el ceño,
Navegas con tu barco a su destino.

Mentor de juventud, bravo marino,
Modelador sin par de inteligencias,
Iniciador de las futuras ciencias,
Apóstol del saber, fiel peregrino.

Maestro que te empeñas con decoro
A descubrir el secreto tesoro
Que el intelecto guarda en tantos rangos,

Recibe en estos versos con cariño
La gran admiración que desde niño
Me hace quererte tanto, ¡Maestro Cango!

Arsenio Ramón González (ARAGON)
Tacarigua, Nueva Esparta, 20-12-1967


Julián, recibe mis saludos, extensivos a toda tu familia. Te envío este escrito de un colega cumanés dedicado a mi Viejo, para, de ser posible, lo publiques en la página de Cheguaco.

Un Abrazo

El Negro e’ Macha
29 de diciembre de 2005


RECORDANDO A CÁNDIDO SÁNCHEZ GONZÁLEZ, UN GRAN MAESTRO

Fernando Pérez Luna

Los hombres que dedican su vida al mejoramiento de la educación, la cultura, el enriquecimiento de la formación de los seres humanos y al rescate de los valores éticos y morales, son, en su mayoría, personas humildes, sencillas, con principios y raíces basados en la autenticidad y transparencia para efectuar su labor.

Cuando conocí al maestro Cándido Sánchez, yo era muy joven, apenas me estaba iniciando en las funciones docentes, él tenía una fuerte coraza que lo distinguía como un educador con garra profesional y suficiente vocación de servicio como para no aceptar el deterioro de los principios filosóficos y pedagógicos de una educación que comenzaba a sentir los embates de la improvisación y el clientelismo.

Cándido Sánchez fue un hombre de grandes dimensiones humanas, portador de un humor contagioso, compartido con sus semejantes. El maestro Cándido se convirtió en una institución que tuvo como elementos fundamentales el afecto, el cariño, la solidaridad y el respeto por la gente y sus creencias. No pretendió en ningún momento de su vida usurpar el libre pensamiento de los demás; hizo buen uso de la equidad y la justicia como aspectos de convencimiento. De esa manera logró compactar una base sólida que facilitara un clima de unidad y progreso para los pueblos.

La presencia de ese valioso maestro en las huestes del magisterio neoespartano, significó la decencia y la honestidad de la carrera docente. Para ello fue formado con un sentido de responsabilidad que enalteciera a una profesión donde se conjugan una serie de factores que tienen mucho que ver con el destino y el desarrollo de las comunidades.

Cándido Sánchez era un constante y consecuente innovador. Procuró en todo momento estar en contacto con los acontecimientos educativos y lo relacionado con el proceso enseñanza-aprendizaje para inyectarle funcionalidad a los planes, proyectos y programas, buscando con eso su adaptación al medio ambiente regional. Con esa teoría, Cándido Sánchez contribuyó desde la provincia venezolana al alejamiento del centralismo como eje direccional de la educación.

Para Cándido Sánchez la educación representaba el área de mayor peso dentro de la estructura social. Sostenía que a través de ella se encendían las luces que hacían retroceder a la ignorancia como flagelo destructor del progreso de los pueblos.

Fue un hombre ejemplar, caballero de rectos procederes. En su pueblo, Tacarigua, lo apreciaban mucho. Estuvo siempre dispuesto a colaborar en la solución de los problemas de sus habitantes. Para él no había nada imposible, tuvo la característica de trabajar en beneficio de los necesitados.

Salía caminando de su casa hacia la escuela y en ese recorrido eran muchas las personas que le planteaban sus necesidades con la esperanza de recibir respuestas positivas que los ayudara a canalizar sus planteamientos.

Cándido Sánchez demostró ser un educador por vocación y por profesión. Maestro de hombres y de pueblos. Ejemplo para la formación ciudadana y el desarrollo de la función docente. Puso toda su capacidad, creatividad y talento al servicio de la educación de su Margarita querida con disciplina y dedicación.

Cándido representa al maestro que despierta el más profundo sentimiento de afecto y cariño. Por el conocimiento que tenemos de su personalidad generosa y desprendida, de luchador por un ideal educativo al servicio de su pueblo, por esas y muchas razones es merecedor de un justo recuerdo y reconocimiento a su memoria.

Fundación José Joaquín Salazar Franco

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