Biografía de Ambrosio Cabrera Marcano
Escrita por Domingo Carrasquero Ordaz

Ambrosio Cabrera Marcano nació en Tacarigua un 07 de Diciembre de 1.916, día  Jueves, en el cual, la religión católica celebra el día de San Ambrosio  y en nuestra historia patria se fundan las ciudades de El Tocuyo y Maturín y nace también el General Ambrosio Plaza; sus padres fueron los señores Saturnino Cabrera y Etanislá Marcano, naturales también de Tacarigua quienes lo educaron apegado a los rectos principios de decencia y honestidad.

Al principio, Ninito, como se le recuerda en Tacarigua, estudió de una manera formal  su Primer y Segundo grado en la Escuela Nocturna , a mediados de los años veinte; pero eran tiempos duros, la situación económica del pueblo era difícil, solo se vivía de las siembras y  cuando llegaban los veranos las cosas se complicaban;

…..eran tiempos de oscuridad, la luz llegaba hasta las 8 y media de la noche y allí donde está el molino de Aleja estaban sus instalaciones, dos “prendeyapaga” seguidas indicaban que se acercaba la hora de bajar el switch; leyendo con velas, esforzando la vista pero claro en lo que le gustaba: leer.

Era duro vivir, era duro servir. Ninito dejó los estudios por un lapso de tiempo y siguió estudiando, leyendo , escribiendo, hablando, redactando y comenzando a creer en unas ideas que le parecieron acertadas. Era el modelo perfecto del auto-didacta; pareciese que perfeccionado esa palabra, a pesar de las velas y al lado de ellas.

…..y Denis le hablaba con la pluma: “ recuerdo que una vez le dije que estaba leyendo a Góngora y usted me recitó un poema de él, un día le dije que estaba leyendo a Kybalión y me habló de Hermes, un día le dije que estaba leyendo el tao y me habló de esa filosofía que hasta la había practicado, un día le dije que estaba haciendo yoga y usted ya era un maestro en yoga. No solo sabía muchas cosas sino que le encantaba enseñar; usted, señor Cabrera, era un Maestro .

Ninito, también se terció el mapire de palma sanjuanera y se fue a los Caños, lo que se conoce como el Delta del Orinoco, o Estado Amacuro; se fue a los 16 años, como un valiente; dejó atrás las guacharacas del pueblo y se dispuso a oír otros cantos, en otros lugares, con otra gente. Se fue de la mano de Agapito González, un hermano de Leticia y Toño, a probar suerte en el comercio, a ganarse la vida de la misma forma en que se la ganó  en toda su existencia: honrada y honestamente; el pueblo se llama Pedernales y al comienzo, cuidaba vacas, sembraba en la fértil tierra deltana, esyerbaba el malojo, recogía las hojas del tabaco pero siempre con libros al lado: leyendo, aprendiendo y comentando, siempre así, tacariguero al fin.

….en esos pueblos la plaga obligaba a la gente a quemar bostas de vacas para alejarlas de las casas, picaban duro y transmitían enfermedades, al llegar la noche entre el humo y el zumbido nos dificultaban el sueño y la luz  era precaria en esas zonas; solo 2 horas por las noches y en los sitios poblados.

Regresó a su pueblo y con el Maestro Rubén Marcano coronó sus esfuerzos de Tercero y Cuarto Grado, ya todo un hombre con las mejores notas y esa disciplina que lo caracterizó siempre; de nuevo la situación económica y otra vez a Los Caños, a buscar trabajo, lo cual consiguió en la Creole, en el mismo Pedernales, donde estuvo por espacio de 2 años y 8 meses.

…me reporté en Pedernales en la compañía Creole como Aforador de Pozos y allí estuve poco tiempo, menos de 3 años, midiendo la capacidad de los tanques y verificando la producción de los pocos pozos de ese entonces; nos trasladaba una vieja pickup, negra, como todas las de la empresa, por una vías interminables, con huecos y aquellos pobres riñones sufriendo en cada brinco , pero pagaban bien, hasta que un día me retiraron por una rabieta que cogió Mister Blackwell y de la rabia vine a tener a Tacarigua de nuevo.

Ninito regresó a su pueblo por segunda vez  y allí con otras 16 personas y un deseo inmenso de hacer el bien y comenzar las luchas a favor del prójimo, fundan el Centro Cultural Guevara y comienza a fijarse en una hija de Chabolo Torres, bajita como él, menudita como él, blanca como él, fundadora del Centro como él. Allí fue su verdadero  inicio como escritor de discursos y poemas, como disertador de las bondades de la revolución bolchevique, como  un incipiente intelectual que escribía, recitaba y estaba pendiente de las actas y del Centro.

….yo conocí a María Torres por esas calles de Dios en mi propio pueblo y siempre quería mirar sus ojos que transmitían pureza y le escribí un poema titulado Lucero, que dice así.

Anoche, intensamente te veía,
Con miradas que dicen yo te quiero
Y creíste desviar la atención mía,
Diciendo con ternura:”Veo un lucero”

Mas yo seguí mirándote encantado
Por la gracia que en ti colocó Dios
Y te dije con término emulado
“Tú miras un lucero y yo veo dos”

Tu lucero, mi amor está en el cielo
De noche le darás contemplación
Mas los que yo te dije puedo verlos
De noche o de día: tus ojos son

Ninito se fue a Buena Vista en Anzoátegui y oh sorpresas de la vida, el empleador de la Creole era Mr Blackwell, el mismo de Pedernales; al verlo y saberlo agachó su cabeza y se dispuso a retirarse cuando lo llamó el gringo; se sorprendió ante su llamado y a los dos días estaba trabajando con él, cosas del destino….y de Dios, diría María Torres.

Estando en Buena Vista se casó por un poder con María Torres que estaba en Tacarigua y de cuya unión nacieron dos hijas ( Hilia y Zuleida) que le dieron 3 nietos (Alejandro, María Alejandra y Antonio).

María Torres Malaver, te escribo
Con ansias de expresarte mi pasión
Yo te amo, te adoro y por ti vivo
Todo tuyo es mi amor y corazón

Siendo grande el cariño y la ternura
Con que yo te distingo, lindo cielo
Solo deseo que tu gentil pureza
Corresponda  mi amoroso  anhelo

Ámame , yo te amo, iremos venturosos
En dulce alianza
amándonos seremos muy dichosos
bajo el sol y la esperanza

En ese campo petrolero, siempre llevado por ese instinto de estudiar, cumplió sus sueños de cursar Quinto y Sexto grado en un Colegio que era de la empresa y en horario nocturno: como siempre, las mejores notas y de allí una beca para continuar estudios en otra zona, pero en un arranque de desprendimiento, renunció a ella.

Había un muchacho que estudiaba conmigo que sacó las mejores segundas notas y que  al conocerlo supe que su familia tenía una posición económica muy paupérrima, el muchacho  iba con zapatos viejos y rotos, con dos pantaloncitos solamente y algunas franelas y sin embargo era un estudiante aventajado. En ese momento renuncié a la beca, consulté con María y abogué por él para que la compañía le diera mi beca: se la merecía por humilde y por buen estudiante.

Ambrosio Cabrera estuvo en el Estado Anzoátegui durante 33 años , desde 1.943 hasta 1.976 fecha de su jubilación , siempre ayudando a los necesitados y, quizás a lo mejor, a convertirse en uno de los tacarigueros con mayor bagaje cultural de todos los tiempos; practicaba Yoga diariamente, leyó y aprendió de los clásicos de la poesía,  leyó y se formó opiniones propias de los mejores escritores del mundo, principalmente de los rusos: Dostoieswky, Ilia Erhemburg, Máximo Gorki; profundizó en las filosofías y religiones del mundo para entender su esencia: Tao, Rosacruces, Espiritismo y al final fue un ateo convencido por su acercamiento a la filosofía marxista – leninista. Ambrosio Cabrera merece el reconocimiento de todos los margariteños por haberse convertido de ser un ser autodidacta en poseedor de una amplísima cultura literaria y científica. Su esfuerzo en esas épocas de carencias de luces, enseñanzas y  oportunidades,  es un orgullo para su familia y sus paisanos.

De vuelta en Tacarigua ocupó los cargos de Administrador del periódico Mureche al lado de  Chendo Romero, fue Presidente de la Casa de la Cultura y miembro activo del Comité de Desarrollo Cultural. Siempre al lado de la cultura, un hombre culto.

….y  la pluma de Gustavo Rodríguez nos refresca el recuerdo:  en uno de esos sancochos, me contó el Señor  Cabrera que,  él era siempre la persona designada  a la hora de realizar una despedida a algunos de sus compañeros que salían jubilados de la Mene Grande, a sus dotes de poeta se le unía la de buen orador. Sin embargo cuando llegó la hora de su jubilación , en la empresa no había quien hablara en su despedida por lo cual sus compañeros  decidieron que hablara el propio Cabrera. Al llegar este momento, por primera vez sintió miedo y las palabras pensadas con anterioridad se negaron a salir y solo atinó a decir: “ Lo que son las cosas, yo que tantas palabras tuve para despedir a mis compañeros, hoy no tengo palabras para despedirme a mi…”

Roberto, el de Chema lo describe  así: Después de haber dejado parte de su vida en los campos petroleros de Anzoátegui, el Señor Cabrera volvió a su pueblo de Tacarigua. Y volvió a recuperar a sus amigos, aquellos que estaban allí y que compartían con él la alegría de seguir siendo tacarigüeros. Y ahora, como todo niño, cometió un descuido y se nos fue por un momento.

Fundación José Joaquín Salazar Franco

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