¡SORROCLOCO ESTOY! Francisco E. Castañeda M. ([email protected])

Expresión bastante frecuente en el territorio insular la cual solían exclamar los individuos que acababan de ser padres. Sobre el particular, el profesor José Marcano Rosas refiere que “cuando el niño estaba naciendo, el padre se metía debajo del catre o cama, fingiendo dolores y repitiendo con insistencia: ¡sorrocloco estoy! ¡sorrocloco estoy! (Marcano Rosas, J., 1978: 230-231). En ese mismo sentido, el maestro de la oralitura insular, José Joaquín Salazar Franco (Cheguaco), nos comenta que, “el marido de la mujer recién parida tenía que colocarse dentro del mismo cuarto metido debajo de la cama o el catre fingiendo un semi aturdimiento, taponando los oídos con algodones mujos y lanzando de momento a momento, levísimos sonidos guturales imitando a las cluecas cuando tratan de recoger a sus crías y cuando una visita llegare preguntando por él, por el recién nacido o por la madre, en forma zalamera y graciosa le contestaba: aquí corro-cloco (zorrocloco), corro-cloco, corro-cloco”, corrocloquiando de la corrocloquera” (Salazar Franco, J.J., 1986: 61).

Se trata de una costumbre íntimamente relacionada con el rito simbólico conocido como la couvade, término que deriva del verbo romance covar, “empollar” y procede del latín cubare, “acostarse”, “estar echado”, v. gr. “empollar la gallina”( J. Corominas, Diccionario Crítico Etimológico Castellano, citado por Roque, M.A., 1998: 74). Al parecer, su práctica fue bastante frecuente en distintos pueblos de la antigüedad y entre algunas etnias americanas, aproximadamente 124 según refiere la investigadora María Carlucci en su libro La Couvade en Suramérica (Sau, V.,2000: 233) e igualmente, hasta hace muy poco tiempo, fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, seguía manteniéndose esta tradicional costumbre en algunos pueblos de las islas Baleares, de las Canarias, del norte de la península Ibérica y de la región vasca, donde, en algunas localidades ubicadas en ese territorio, se le denomina “parto de Vizcaya” (Ibídem).

El primer testimonio escrito relacionado con la mencionada práctica fue suministrado por Apolonio de Rodas (295 a.C.-230 a.C.), poeta griego quien, en su obra El Viaje de los Argonautas, al referirse a los Tibarenos, pueblo establecido en las orillas del Mar Negro, señala lo siguiente:

“Allí cuando las mujeres dan a luz a sus hijos, son los maridos quienes gimen echados en la cama con la cabeza vendada. Ellas en cambio cuidan a los hombres con alimentos y les preparan los lavatorios del parto” (Antiquitaem. Versión electrónica, 21-VI-2013).

El geógrafo e historiador griego Estrabón de Amaséia (64 a.C.-21 d.C.), en su interesante obra Geografía de Iberia, describe una de las costumbres más arraigadas en la región cántabra relacionada con el tema que nos ocupa. Leamos:

“Las mujeres trabajan la tierra, y cuando dan a luz sirven a sus maridos acostándolos a ellos en vez de acostarse ellas mismas en sus lechos. Frecuentemente, incluso dan a luz en las tierras de labor y lavan al niño y lo envuelven en pañales agachándose junto a un arroyo” (Estrabón, III, 4, en Meana M. y Piñero F., 2006: 110).

En lo que respecta a las islas Canarias, una inveterada costumbre que se ha ido perdiendo con el tiempo es la del zorrocloco, según la cual:

“Cuando la mujer estaba pariendo, el hombre decía que sufría al ver sufrir a su mujer, y se metía en la cama y le daban calditos. Se le llamaba así porque estaba zorrito y clueco como una gallina clueca” (Hernández, M. L. y Ugarte, M. C., 2014: 9-10).

Relacionado con la población amerindia autóctona, específicamente los grupos étnicos establecidos en lo que hoy constituye la región oriental e insular venezolana, el investigador Marc de Civrieux, refiere que entre los cumanagoto durante el alumbramiento se realiza un ritual muy similar al de la couvade en el cual se toman ciertas precauciones de diversas naturaleza relacionadas con el cuidado del progenitor y prácticamente ninguna hacia la madre del niño y al respecto, menciona el comentario hecho por el sacerdote franciscano fray Matías Ruiz Blanco en su obra Conversión de Píritu, según el cual: “cuando las mujeres paren, los maridos no salen a trabajar al monte algunos días, porque no se lastime o muera el recién nacido” (Matías Ruiz Blanco, citado en Civrieux, M., 2005: 185).

Sobre el particular, es válido destacar lo siguiente: según las concepciones religiosas características de ese grupo étnico, todas las personas poseen un “espíritu-compañero” que permanentemente, durante el transcurso de su existencia, siempre le cuida, le protege. Al producirse el alumbramiento, por lo general, ese guardián espiritual tarda cierto tiempo en incorporarse desde su “patria invisible” al cuerpo del recién nacido, por tanto, éste queda totalmente desprotegido ante cualquier eventualidad y la única manera de brindarle atención y protección, en una especie de “préstamo espiritual”, es la de permanecer bajo el amparo y custodia del espíritu del genitor. De allí, se infiere entonces el por qué de ese comportamiento paterno en el citado ritual pues es el espíritu del padre el que se traslada temporalmente al del neonato hasta tanto se produzca “la llegada e incorporación” de la entidad tutelar que habrá de velar por ese infante durante el resto de su existencia. (Véase Civrieux, M., Op.Cit.: 186-187).

Este mismo autor, en su estudio realizado entre los descendientes de los antiguos chaima quienes viven actualmente en la localidad de Candilar, ubicada en el municipio Caripe del estado Monagas, específicamente en la Zona Protectora del Macizo Montañoso del Turimiquire, refiere que sus informantes le suministraron importantes testimonios relacionados con el ritual de la couvade, denominado por ellos kloko, el cual todavía acompaña al proceso de alumbramiento. Leamos:

Cuando la mujer pare, el marido se declara zorrokloko, debajo de un petate descansa acostado, muy cerca de su mujer, con la cabeza amarrada con un paño y algodón en los oídos, como si él también estuviese parido (Civrieux, M., 1998: 109).

Ahora bien, ¿por qué resulta importante considerar este aspecto poco estudiado por nuestros investigadores socioculturales?

Uno de los precursores de la teoría antropológica, el jurista y antropólogo de origen suizo Johan Jakob Bachofen (1815-1887), autor de la reconocida obra El Matriarcado (Das Mutterrecht), refiere que el hijo recién nacido, en principio es de la madre y el lazo material

que los une se simboliza en la deidad tierra-madre. El hombre-padre busca entonces su reconocimiento como tal y por ello finge ser madre. De allí, el origen de la couvade (Harris, M., 1981: 164. Véase también, Roque, M.A., 1998: 66).

Otro importante clásico del pensamiento antropológico, el polaco Bronislaw Malinowski (1884-1942), en su artículo “La Cultura”, señala lo siguiente:

La couvade, el ritual simbólico mediante el cual un hombre imita al sobreparto mientras la esposa va a su trabajo, no es una supervivencia sino que puede explicarse funcionalmente por su contexto cultural […] la función de la couvade consiste en establecer la paternidad social mediante la asimilación simbólica del padre a la madre. Lejos de ser una supervivencia la couvade es uno de los actos rituales que están en la base de la familia (Malinowski, B. [1931] 1975: 102).

Si se nos ocurriese hacer en este momento un sucinto ejercicio especulativo sin mayores pretensiones intelectuales vemos, grosso modo, que hay cierta similitud entre los planteamientos de Bachofen y Malinowski con las referencias descriptivas presentadas por Marcano Rosas, Salazar Franco y Civrieux.

Tal como hemos visto a lo largo de este escrito, la couvade no es una simple costumbre sino que, por el contrario, es un rasgo cultural de cierta complejidad asociado a la estructura familiar de determinados grupos étnicos. En ese sentido, considero, a riesgo de estar equivocado, que dicha práctica se refiere a una tradición cultural propia de las sociedades matrilineales en las cuales el reconocimiento de la descendencia se traza básicamente a través de la línea materna. En dichas sociedades, el papel del genitor, aun cuando es reconocido desde el punto de vista biológico, sin embargo, no ocurre lo mismo en lo que respecta a la paternidad social por cuanto esta última recae fundamentalmente en el hermano de la madre, es decir, el avunculus, el tío materno quien ejerce la autoridad paternal sobre el sobrino. En virtud de ello, suponemos que el comportamiento del padre simulando a la madre en todo lo concerniente al proceso de alumbramiento, no es más que una manera de llamar la atención, de hacerse sentir para procurar que sea aceptado socialmente como tal.

Ahora bien, en el caso que nos ocupa, también somos de la opinión que tanto en la etnia guaiquerí como en las otras dos anteriormente mencionadas: cumanagoto y chaima, las cuales pueden ser consideradas como sociedades caribanas caracterizadas por una estructura familiar que, presumiblemente, en tiempos pasados fue de naturaleza o tipo matrilineal, la costumbre de la couvade fue una práctica habitual. Así, se evidencia en la referencias arribas citadas correspondientes al profesor Marcano Rosas y al escritor costumbrista insular José Joaquín Salazar Franco (Cheguaco), las cuales pudiéramos considerar como remembranzas de épocas anteriores. Sobre el particular, la investigadora Cecilia Ayala Lafée, destaca lo siguiente:

Existe en la estructura familiar netamente margariteña, una marcada tendencia matrilineal que posiblemente sea un rasgo ancestral de la cultura guaiquerí como lo era y continua siendo en casi todas las sociedades indígenas caribanas […] No tenemos dato alguno sobre la práctica de la Couvade en el territorio tribal guaiquerí, para la época prehispánica. Sin embargo, si aparece reseñada por Cook (1) en una población de pescadores margariteños. También es descrita por Salazar Franco y Marcano Rosas (Ayala Lafée, C., 1994-1996: 80 y 84).

En cuanto a la denominación de esta tradicional costumbre, también se observa que tanto en las islas Canarias como en Margarita y entre los descendientes de los antiguos chaima, es la misma aunque escrita con diferente grafía. Al respecto, considero que ese nombre es producto del proceso de transculturación lingüística (Cfr., Pérez Regalado J. A., citado por Acosta Saignes, M. 1985; 142). Veamos: cuando el sacerdote o el colonizador hispano en general observa cómo se realiza dicha práctica, en virtud de los conocimientos y antecedentes que tiene sobre una costumbre que también es frecuente en algunos pueblos de España, para explicar o describir lo que visualiza en estas tierras y a falta de una expresión adecuada, simplemente lo identifica con el término o vocablo que él ya conoce: Sorrocloco o Zorrocloco.

(1) COOK, H.B. Kimberley (1993): “Small town, big hell: an ethnographic study of aggression in a Margariteño community”. Antropológica. Suplemento Nº4. Citado por Ayala Lafée, C., 1994-1996: 84 y 120).

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

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AYALA LAFÉE, Cecilia (1994-1996): “La etnohistoria prehispánica Guaiquerí”. Antropológica. Caracas: Instituto Caribe de Antropología y Sociología. Fundación La Salle. Nº82. Págs.: 5-128.

CIVRIEUX, Marc de (1998): Los Chaima del Guácharo. Etnología del Oriente de Venezuela. Caracas: Banco Central de Venezuela. Colección V Centenario del Encuentro entre Dos Mundos 1492-1992, 1498-1998.

CIVRIEUX, Marc de (2005): Los Cumanagoto y sus Vecinos. Gobernación del estado Anzoátegui: Fundación Fondo Editorial del Caribe.

ESTRABÓN (2006): Geografía. Libros III y IV. Traducciones, introducciones y notas de María José Meana y Félix Piñero. España: Editorial Gredos. Biblioteca Clásica Gredos.

GARCÍA GARCÍA, Inmaculada y GOZALBES CRAVIOTO, Enrique (2010): “El parto de las mujeres cántabras en la obra de Estrabón”. Index de Enfermería (Versión Electrónica). España, Granada. V.19, Nº1. Págs.: 64-68 (Documento electrónico, recuperado en 25 de enero de 2018).

HARRIS, Marvin (1981): El desarrollo de la teoría antropológica. Una historia de las teorías de la cultura. España: Siglo XXI Editores S.A.

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MALINOWSKI, Bronislaw ([1931] 1975): “La Cultura”, en Khan, J.S. El Concepto de Cultura. Textos Fundamentales. Barcelona, España: Editorial Anagrama.

MARCANO ROSAS, José (1978): Historia y Habla Popular en Margarita. Caracas: Ediciones Fundaconferry.

PÉREZ REGALADO, J.A. (1952): “Zorrocloco en España y América”. Archivos Venezolanos de Folklore. I, 2. Págs.: 388-394. Caracas.

ROQUE, María-Ángeles (1998): “El Viento y la Couvade. Mitos y Ritos de las Baleares”. Revista de Dialectología y Tradiciones Populares (Revista Electrónica de Antropología Sociocultural). España: Instituto de Lengua, Literatura y Antropología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Vol. LIII, Nº1. Págs.: 55-80.

SALAZAR FRANCO, José Joaquín (1971): La Tacarigua de Margarita. Ediciones del Ejecutivo del Estado Nueva Esparta.

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Sau, Victoria (2000): Diccionario Ideológico Feminista. Vol. I. Barcelona: España: Icaria Editorial, S.A.

FECM

LA ASUNCIÓN, 1-II-2018