En este diciembre o en cualquiera que viniese , si uno es capaz de montarse en el autobús de la añoranza y viaja al pasado, se encontrará en el pueblo de Tacarigua, a un personaje conocido como Pablo Moya, quien disfrutaba el mes decembrino a cabalidad y sin desperdicio: desde el principio hasta el fin y mucho más allá. Era capaz de improvisar todo tipo de aguinaldo y participar en cualquier parranda, pues esto lo sentía en la sangre y “menos mal que Dios no me dio la fortuna de saber tocar un cuatro, pues me hubiese muerto ya”, decía Pablo Moya, aguantando un balde que le servía como tambora y con la cual parrandeaba.

Pablo Moya más que parrandero fue militante de la amistad, por lo cual  el dinero que cargaba en los bolsillos era de sus amigos y no le importaba quedar limpio con tal de que sus compañeros se sintieran satisfechos compartiendo con él unas cervezas. Era, pues Pablo amigo de los amigos. Pero no sólo eso, sino que también poseía una chispa de humor impresionante en sus respuestas, de acuerdo a las circunstancias. Por ejemplo, el mismo nos contaba una vez, que cierto día junto a otros compañeros de parranda, le robaron un pato a la Sra. Andreíta Quijada, pero ésta supo que uno de ellos era Pablo Moya y cuando éste llegó un día  a su puerta, le reclamó tal acción, a lo que nuestro personaje le pregunto: ¿Cuánto cuesta el pato? “Veinte bolívares, diez por el pato y diez por el abuso”, dijo Andreíta. “Pues toma los diez bolívares del pato y los del abuso te los quedo debiendo”, le respondió Pablo, quien no saldó nunca tal cuenta.

Otro día Pablo tuvo una pelea con Cherramón y éste, incluso, le tiró una botella y Pablo le lanzó una piedra. Dìas más tarde estando en el bar Tropical, saludó a un amigo de Cherramón, y éste le respondió que no lo saludara, pues él había peleado con cherramón que era su hermano y hasta le había tirado una piedra. A lo que Pablo Moya, contestó: “El me tiró a mí primero una botella, ¿qué querías tú? Que yo le tirara muslos de pollo o parrilla. No sea tan vergajo que está tú”.

En otra oportunidad nos cuenta el amigo Pedro Mata, que Pablo Moya llegó un día a Puerto la Cruz a buscar trabajo y se quedaba en el apartamento de Pedro. Pero una noche se pusieron a beber y se acostaron muy tarde. Al otro día se paró Pablo Moya y viendo que Pedro Mata no se había parado y ya estaba un poco tarde, lo estremeció y le dijo: “Párate Pedro, para que vayas a trabajar, a ganarte tu arepa, y la mía también”.

Así fue pablo Moya, un personaje tacarigüero que dejó su huella indeleble en la historia del pueblo. Un día en Caracas se marchó, nos imaginamos alegre, quien fue buen amigo, parrandero y humorista.

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12-10-11