TODO TIENE SU TIEMPO:
A mis entrañables Dalmiro (Cheíto) Millán, Mariela, Eddy, Luis y familia Sánchez Rodríguez.  Ante la muerte de mis afectísimos, José Sánchez Rojas y Luisa Rodríguez  de Rojas.

Euro Omar Gil                                                                                               [email protected]

El tiempo es inexorable. En mi poesía lo defino a mi manera:

TIEMPO
Imprescindible
Impredecible
Inevitable y justiciero
Amigo de lo dulce
y de lo amargo
Despojo irremediable
Sangradura viviente

Como el tiempo, igual sucede con el dolor, resulta imposible esconderlo porque, por lo menos, una lágrima lo delata.

Es mi palabra, es la respuesta a quienes dicen que parecieran ser perseguidos por el dolor. Yo he aprendido a caminar y viajar con mi dolor. Por eso, no pierdo el tiempo preguntándome y paso desapercibido, qué es el dolor. Aunque científicamente dicen es una enfermedad. Así lo asumo, termino por creerlo. Porque tiene cura. Sí, tiene cura: al echar a volar el pensamiento positivamente hacia los diversos y hermosos objetivos que nos  da la vida. Ya no estás mamá, papá, hermano(a), hijo(a), amigo(a), pero siempre estás. “Volverás algún día con Nosotros? Volverás a visitar con la marea de tu amor las áridas playas de nuestro sueño?, pregunta la voz inmarcesible de Gibran Jalil Gibran. Agrego, tal vez sea algún día, ya que los días son todos los días y jamás mueren. Me preguntarás por qué? Y yo te cuento que Luisa y José  se encontraron un día, bisoños, juveniles, cargaron su pasión en  maras del amor. Sembraron sus semillas en el campo virgen, entre los verdes árboles, trinar de pájaros y la compañía cómplice de la alegría entrecortada del viento de la época… bastantes años atrás -sólo que como Yo, al dolor, Ellos también lo ignoraron- porque es la mejor  manera de existir. Desde entonces la luz no dejó de alumbrar su unión, sus propósitos, su manera de ver la vida. No era necesario partir tan temprano.  Y  en ese corto trance que significa vivir materialmente, ambos cumplieron con esa sociedad obligante y alienante a veces, pero sobre todo con Dios, antes de este dulce y definitivo sueño. Porque fueron uno para el otro y viceversa. Estaba escrito desde su nacimiento, su Alfa y su Omega, por lo que nunca soltaron sus manos en infortunios y alegrías, ni en sus últimos momentos. Una fusión de amor indescriptible. Y es que no existe alternativa alguna para negarse al llamado de Dios, si incluso nos requiere juntos. No se trata de casualidades sino de causalidades en la vida, porque ella sigue inmensa e intensa, más allá de lo material, a lo espiritual. Por eso siempre volvemos mañana en el peregrinar insomne de MAITIN: “Adiós, adiós. Que el viento de la noche/ De frescura y de olores impregnado/ Sobre tu blanco túmulo de piedra/ Deje, al pasar, su beso perfumado;/ Que te aromen las flores que aquí dejo;/ Que tu cama de tierra halles liviana./ Sombra querida y santa, yo me alejo;/ Descansa en paz… Yo volveré mañana.”//.

08-05-12