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MONOLOGO CON PAPÁ CHEGUACO: A raíz de la conversación que tuviste con Millo, papá, que te diré, me
pareció extraordinaria, voy a "atreverme" (tal como tú decías) a
sostener este monólogo contigo. Y digo "atreverme", porque, como tú
bien sabes, no tengo dotes de escritor. Sin embargo, te cuento que después que
te fuiste físicamente, como que se me ha pegado algo de ti, pues, me he
atrevido a escribir algunas décimas y sonetos, cosa que jamás antes se me
había ocurrido y hasta dos (2) poemas he escrito, dedicados a ti. Te los voy a
leer: TU PARTIDA A UN AÑO DE TU PARTIDA Hace ya un año, papá, que tú te fuiste Hasta siempre…… papá Por otra parte, aunque me supongo que todo lo que te cuente tú ya lo sabes,
te cuento que ahora estás en Internet, pues, Julián, basado en una idea de
Valentina y con la ayuda de Julián José, crearon tu página en Internet, que
se llama www.cheguaco.org, la cual, papá, puede ser vista desde cualquier parte
del mundo, a través del computador. ¿Qué te parece?. En esa página ya se han insertado varios de tus libros y la idea es
insertarlos todos. Así, tu gran labor como escritor podrá ser conocida no
sólo en Margarita y Venezuela sino en todo el mundo. Me duele un poco que esta
idea no se nos ocurrió antes, para que de esta manera, tú mismo, en vida,
sintieras la satisfacción de ver tu obra esparcida por todo el mundo; sin
embargo, nunca es tarde y por lo que percibo, se que estás contento con lo que
estamos haciendo para mantener tu obra viva por siempre.
Cheguaco insuperable Autor: Rómulo CardonaFuente: R evista Margarita en tus manos. Noviembre-Diciembre 2000.Pasarán unas cuantas lunas, unos cuantos siglos para volver a contar con una personalidad, con un creador de las letras como el recordado y mejor amigo: José Joaquín Salazar Franco (Cheguaco). El trabajo documental, el haber publicado 35 obras, haber dejado 20 para publicar, la serie de discursos, poemas, ensayos, relatos, historias, descripciones, su trabajo de cronista, su dedicación al trabajo tribunalicio, sus orientaciones, artículos en prensa, revistas, la habilidad para contar historias, chistes; todo ello con tan sólo un sexto grado, que equivale a todos los títulos. Cheguaco por todas estas facetas, por todo lo que hizo, por todo lo que nos dejó constituye una gran pérdida no sólo para Margarita, sino para el país. Fue todo un personaje, lleno de humildad y mucha sapiencia como sólo saben hacerlo los grandes, los creadores. Cheguaco un verdadero patrimonio del gentilicio neoespartano, allí está su obra como el mejor testimonio, hasta siempre amigo... Margarita en tus manos.
CHEGUACO
O LA MARGARITEÑEDAD A TODA
PRUEBA Autor: Perucho Aguirre
Fuente: Diario El Oriental. Maturin. 15-10-2000 Ahora que aparecen tus nombres y apellidos completos en los periódicos de aquí, anunciando que ya no podrás estar o andar con nosotros , como antes, en persona. Ahora que se me atora la palabra en la garganta, mi pluma fuente se niega a dar un paso mas hacia adelante y una intranquilidad incomprensible me niega calma; no, no entiendo aún, por qué, ni siquiera, de allá, del otro amado y propio pueblo, Paraguachoa, una llamada, un anuncio, aviso, cómo fue, qué pasó. ¿Será que este es otro José Joaquín Salazar Franco, Cheguaco? ¿ Habrá en este mundo tan equivocado y perverso otra alma buena de sangre y corazón como esta que venero y admiro desde que andaba por allá por La Asunción, en mis correrías del Risquez, placenta de mis recuerdos?. No, no creo. Es más. ¡ Dificulto otro margariteño con esa cepa y arrecife, con ese barro y estampa de El Cercado! ¡Otro tacarigüero de Margarita como Cheguaco! El que al leerle, oírle y verle su estirpe conuquera era percatarse de sus angustias, desesperación y amor por su isla, Margarita. Desvelarse por ella y enseñarla en todas sus latitudes y longitudes. Clamarla e invocarle en Cheguaco ha sido su síndrome clínico ¡Y de carne y hueso! Ese ha sido el Cheguaco querido y admirado por nosotros los marineros de él y nadie, absolutamente nadie podrá negarle esa voz de capitán de piragua, ese cinturón de perlas, esa belleza de Arestinga, bravura de Matasiete e inocencia de Los Mártires. En Cheguaco siempre se vieron retratados fehaciente y nítidamente lo que hemos sido a través de la sequía del tiempo. Y como ocurre médicamente, este soma o islalidad fue acrecentándosele a medida que los años aposentáronse en él. Sin duda, Cheguaco – para mí – es la representación máxima, contemporánea, de la margariteñedad. Porque llegar al conocimiento de un pueblo con pelos y señales y con esa perfección; teniendo ese bajo grado de instrucción y con los años, publicar y publicar, tanto y tanto, claro y tan profundo, con ese lenguaje tan de pueblo y academia, no es común, ni lo venden en botica. No hay vainas. A este hombre lo mandaron, para que nos escribiera quienes somos, de dónde venimos y cual es nuestra grandeza, para que en el tiempo tuviésemos la forma y las directrices sabias y telúricas de cómo rehacer y reconstruir al pueblo margariteño. Cheguaco era como una Margarita ambulante, diciéndola, contándola, nombrándola, enseñándola, reivindicándola y honrándola a cada instante, desesperadamente, de pueblo en pueblo, de caserío en caserío, de hombre en hombre, de mujer en mujer y de niño en niño. Y con una fuerza tan descomunal y desinteresada que ya quisiéramos muchos de los que nos quedamos vivos, creyéndonos ilustres patriotas, pero, con una rechifla o pita de la gente, que en silencio, viene a ser lo que merece todo aquel que es hablador y escritor de pistoladas. Pago que a Cheguaco jamás podrán cancelarle porque allí están sus libros que pasan de cincuenta volúmenes, escritos, crónicas, discursos y poemas tan naturales y cándidos de la vida y el amor. Y la pregunta que se hace todo bolsa que como yo, abunda en esta vida. ¿ Por qué no tuve la visión de su deceso físico y le escribí todas esas cosas antes y en vida, a sabiendas de que en Cheguaco había otra vaina que no era precisamente la de cronista, poeta, escritor o patriotero inútil?. Es que hasta viéndolo en un retrato, en uno de sus tantos retratos, con esa fachada de casa vieja, de Castillo de Santa Rosa, con ese plantar de conuco viejo y esa gracia de diversión margariteña, con eso bastaba y sobraba para uno verle la flor y nata, miasma o el tuétano a lo que hemos sido y que en vida él fue manteniendo como piedra de amolar en el patio, tinajón de agua clara en la horqueta y amanecer de pájaros con voces satisfechas en la cocina de nuestros hogares. Bueno, Cheguaco, en la casa de mis sentimientos y recuerdos se te quedaron tus corotos viejos de arar y sembrar la vida y la tierra; el catre que te dejó lucios los codos y las rodillas y el gustosador. Me imagino, porque no me avisaron para acompañarte, que en tu velorio de reminiscencias y cuentos de no terminar (supe) repartieron pasteles, calillas, cundeamores, todos tus libros y mucho ñinguirito y que el olor o entina a anisado casero aún corre con despavorida tristeza por todas las calles y rincones de tu atormentada Tacarigua...... ¡Maldigo mil veces la hora en que no le escribí a Cheguaco estas vainas en vida! Buen amigo, padre y patrón de nosotros, una potoca de Chelías al cielo y adiós... que te vaya con bien!. ¿Azul? Maturín, 6 de octubre del 2000 José
Joaquín Salazar Franco, Cheguaco, valía y siempre valdrá mas que una morocota
de perla y oro en un peso viejo de los de totuma. Trapiche de tres mazas con
espiga, cruz y doble palanca y, era de querer, y estandarte de las empanaderas
de La Asunción; claro, Cheguaco era de pan dulce y de agua, de leche y aliñao,
rosquita cubierta, tunja, saboyano, delicioso biscocho e inspiración de las
mareras que cargadas de pescado fresco voceando por las calles de Margarita,
iban especialmente a Tacarigua a cantarle en la puerta de su casa. Allá, donde
Julián y Jerónima, donde Consuelo su mujer y heroína y una prole de nueve
Portachuelos que a cada instante lo pincelan y enaltecen. Un sancocho conuquero
y con todas la de la ley era Cheguaco, quien, por cierto, jamás metió un
contrabando, pero decía que era bueno porque era un trabajo para hacer la
familia y educar a los hijos (auque contrabandeaba diciéndole a propios y extraños
que “como Margarita ninguna”) es
que la estaca que se clavó él en su pecho por ese amor al pueblo de la sequía,
aún le sangra y le sangrará por toda la eternidad. Bodega recién puesta y con
mucho cohete en el mostrador para celebrar, siempre celebrar. Recio pilón y de
recia maza, con sus dos piedras de moler al lado ¿Cuántas goteras no le cogió
Cheguaco al cielo estrellado de su Tacarigua? ¿Cuántas veces nos blanqueó la
casa y colmó nuestros taparos con el agua bendita del rico manantial de sus
palabras? La palabra de Cheguaco fue una declaración permanente de amor. Crónica
popular y ligera, canción, poema y alerta, sobretodo; porque cuando hacía de
limosnero, Cheguaco, lo que pedía era “un San Sebastián por favor” “Una
Margarita, por la Virgen del Valle” “Una islita, mi paisano, una islita, por
el amor de Dios”.... Ese era el gran José Joaquín Salazar Franco, Cheguaco,
el margariteño perpetuo, el tacarigüero que de vainas cupo en una marímbola,
que fue el viejo baúl donde lo llevaron a la casa de reposar los sueños y las
pretensiones....
PERUCHO AGUIRRE Autor: CirioFuente: Suplemento Humor, Sol de Margarita. 13/10/2000
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