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  • YA TIENES ALAS Y PUEDES VOLAR

 

AUTOR: ROBERTO MALAVER

FUENTE: Revista MARGARITEÑERIAS N°5 II Etapa, Septiembre, Octubre 2000

Ayer la muerte afinó  su puntería y dio en el blanco. Y Cheguaco se mudó por un instante. Hoy, la muerte sabe que Cheguaco le ganó el juego, La muerte sabe que Cheguaco se está haciendo el muerto, Porque, como siempre, Cheguaco se salió con la suya. 

Y Cheguaco lo aprendió de José Martí: Morir bien es la única manera de seguir viviendo. Y morir bien era entregarse a su compañera Consuelo como su mejor aliada. A sus hijos como los mejores hijos. Y a Tacarigua como la prolongación exacta y hermosa de su vida. 

Un hombre que tiene treinta y seis libros publicados y veinte libros que esperan por ser publicados, no puede irse así, tan fácilmente, de nuestro lado. Porque cada vez que alguno de nosotros intente buscar un dato, buscar una palabra, saber de un mito, o de una leyenda, justo en ese momento Cheguaco estará más vivo que siempre. 

Es - no quiero decir fue, porque no voy caer en la trampa de creer que se nos fue - un artesano de la cultura margaríteña. Un hombre que amparado en su palabra, en su prodigiosa imaginación, y en su talento, nos ha ido dejando la historia de todos nosotros en cada uno de sus textos. De sus cuentos. 

Y tiene tanto sentido del humor Cheguaco, que incluso en el último libro que le bautizaron sus hijos, aquí en la Plaza de Tacarigua, Un Grito en la Hondonada, dice en uno de sus poemas, Despedida, este verso:

Dejo enlutado mi hogar

Porque me voy, tierra amada

Voy a tirar la parada

Salga bien o salga mal. 

Una manera de decimos que se iba a tierra firme, pero que se quedaba para siempre entre nosotros. 

Es así como lo vemos hoy Como lo queremos hoy Con su sombrero y su palabra y su honestidad a toda prueba. Un hombre que cada día nos hace ser más querendones con Tacarigua. Un hombre que entre sus papeles de trabajo descubrió un día que Tacarigua estaba a punto de cumplir 400 años y lo celebramos. Un hombre que entre chistes y cachos se nos ha ido quedando agarradito ahí en el sentimiento. 

También en su poemario, Un Grito en la Hondonada, Cheguaco estira sus pasiones. Prolonga su sentimiento y se acerca al camposanto para decirnos: 

Cuando voy al cementerio

De mí pueblito natal

Miro como en largo sueño

A mí núcleo familiar

Que está reposando allí

Para la perpetuidad.

 

Veo oronda a Mamá Chica

En su claustro personal

Ya un lado tía madrina

Juntita con mi mamá

Y del costadito norte

A Críspula y Carmelita

Mi tía y madre políticas

Como dicen por acá...

 

Y muy cerquitas de ellas

A Chelo alegre y risueña

Ubicada en el tercer

Sótano de la morada

Que con gusto le adquirimos

Todos sus hijos y yo

Para que durmieran en paz...

Hoy va Cheguaco al cementerio. Y va como siempre, contento, porque sabe que va para quedarse más que nunca en su pueblo. Entre su gente. Sus amigos, Los que comparten con él su palabra. Su fe, Su esperanza. Su manera de sentir esta alegría inmensa de ser Tacaríguero. Porque él sabe que nos sentimos orgullosos. El sabe que somos del pueblo donde vive un hombre maravilloso y hermoso y otra vez maravilloso, que se llama Cheguaco. 

Sale con nosotros a encontrarse con su núcleo familiar. Va a saludar en nombre de sus hijos y nietos a los que siempre ha querido. Va sonriente Cheguaco. Va, aunque parezca mentira, lleno de vida. Va sin despedirse de nosotros, y él sabe que no tiene porque hacerlo. Va a saludar también a su amigo Pablito Romero, aquel que un día, cuando le dio uno de sus textos para que le dijera qué le parecía, aquel que le dijo: Ya tienes alas y puedes volar. 

Ahí va un hombre solidario. Entregado a la defensa de la tradición, De la identidad del margariteño. Del rescate del folklore. De las palabras olvidadas, que una vez que se recuperan nos vuelven más grata la vida. Un hombre de mano estirada para apoyarte. De la sonrísa amiga para decirte que comparte contigo tu alegría. Ahí va un hombre que, como siempre, lo reconocemos tarde, pero lo reconocemos: Un gran hombre. Ahí va un hombre que en definitiva se hizo pueblo con nosotros y nos hizo pueblo a todos para que no nos olvidemos de Tacarigua. Ahí va un hombre que abrazó tan fuerte a su pueblo que se le quedó en el pecho en forma de corazón. 

Un día me tocó en suerte, Cheguaco, decirte unas palabras. Un día de tantos homenajes merecidos. Y para que veas Cheguaco, que sigo siendo fiel a mi pensamiento, hoy nuevamente te digo lo que dije aquel día: Navegamos juntos en el mismo barco, y yo me siento marinero, porque usted, capitán, sigue mandando.


 

  • Un verso para Cheguaco

AUTOR:       DALMIRO JOSÉ MALAVER QUIJADA "La Culebrita de Oriente"

FUENTE:      Revista MARGARITEÑERIAS N°5 II Etapa, Septiembre, Octubre 2000

I

Veintisiete fuese el día

De Julio Mil Novecientos

Veintiséis son los momentos

Cuando un niñito nacía;

Jerónima lo paría

En un rincón insular

Y cuando fue a bautizar

Julián a su chipilín

Lo nombró José Joaquín

De apellido Salazar.

 

II

De apellido Salazar

Franco, le dicen Cheguaco

a la persona que ataco

Queriéndola escudriñar;

Primaria suele estudiar

Luego se hace agricultor

Sindicalista de honor

Y hasta empleado público es

Este hombre que después

Se convierte en escritor.

 

III

Se convierte en escritor,

De la letra costumbrista

Y llega a ser el cronista

De su pueblo ensoñador;

Por su don de indagador

Con su relato yo vibro

Y la vivencia calibro

De mi pueblo en la lectura

Porque en folklore y cultura

José Joaquín es un libro.

 

IV

José Joaquín es un libro

Con las páginas doradas

Letras de oro, imprentadas

Que cuando lo leo yo vibro;

En su relación calibro

Al cronista más certero

Que ha mojado en el tintero

La pluma del corazón

Este hijo de excepción

Del pueblo tacariguero.

 

V

Del pueblo tacariguero

Cheguaco es la calle real,

La plaza, el pozo, el conchal.

Mureche y su conuquero;

Es el hombre del sombrero

Que monta la burra en pelo,

Y para calmar su anhelo

Hasta se vuelve juglar

Cuando lo suele inspirar

La brisa del portachuelo

 

VI 

La brisa del portachuelo

Suele acariciar su piel

Con fragancia de clavel

Que tiene olor a consuelo;

esa que brilla en el cielo

con Jesús, María y José,

Y que no pierdas la fe

En la inmensa lejanía

De alcanzar Cheguaco un día

La estrella que se te fue.

 


 

  • MI HOMENAJE A CHEGUACO

AUTOR:    JOSÉ MANUEL SALAZAR V. Chemané

FUENTE:  Revista MARGARITEÑERIAS N°5 II Etapa, Septiembre, Octubre 2000

Cheguaco ¿por qué te fuiste?

Del brazo de la Chinigua

Hoy te llora Tacarigua

Y Margarita está triste.

 

I

A la muerte traicionera

No la pudiste esquivar

Y tu prosa popular

Ha callado lastimera

Y vuela tras la quimera,

Que en tus libros escribiste

Tan grande fue el bien que hiciste

Al Pueblo Margariteño,

Que hoy se pregunta el Isleño:

Cheguaco ¿por qué te fuiste?

 

II

Cheguaco, fuiste escritor

Folklórico y costumbrista

Que quisiste a Margarita,

Con el más profundo amor

Y ese inocente candor,

Que en tu obra se atestigua

Pues en ella tú averiguas

Lo bello de nuestros pueblos

Y ayer te fuiste a los cielos

Del brazo de la Chinigua

 

III

Los Duendes están clamando

La Llorona está celosa,

La cazuela presurosa

Del Cercado vino llorando,

Las ánimas van rezando,

Con sus voces casi exiguas

Las oraciones antiguas,

Que tantas veces narraste,

Cheguaco porque marchaste

Hoy te llora Tacarigua

 

IV

Con pasión y alegría,

Fuiste excelente cronista,

Que como pincel de artista,

No exento de fantasía,

Nos pintaste día a día

La Tierra, que tú quisiste.

Porque en tu obra nos diste

Motivos para admirarte,

Todos vamos a extrañarte

Y Margarita está triste.

 


 

  • ADIÓS A CHEGUACO

AUTOR:     Emiro Marcano Maza.

FUENTE:  Revista MARGARITEÑERIAS N°5 II Etapa, Septiembre, Octubre 2000

Antier se murió Cheguaco. Y es que el antier margariteño es tan justamente fiel y expresivo de la brevedad del tiempo, cuando e recuerdo está íntimamente ligado a los afectos, que antier es igual a un mes, un año, o un lustro.

Antier se murió Cheguaco: antier nomás lo vi, antier nomás hablé con él. Para seguir teniéndolo leeré su,, libros, viviré sus fantasías, disfrutaré sus anécdotas Cheguaco sigue viviendo.

Murió de pena ajena, de incomprensión ajena, de injusticia ajena.

Murió de deseos de cercanía de su compañera. 

Pero queda en el antier de los recuerdos, de los sentimientos; en el hoy de la actualidad de sus personajes populares, fantasiosos, que sirven para explorar, en el salón de estudio de las bibliotecas, del consultorio del psicólogo, ese mundo de sueños, de imaginación de los niños. 

Antier se murió Cheguaco, pero queda por siempre la palabra del compañero de farras cuando expresa: "yo no bebo esas aguas", o "ábreme la puerta, hombre, Mateo, que tu estás de turno", o cuando al salir de casa sombrero en la cabeza y agenda bajo el brazo, "no te preocupes Chelo, que ni en la calle tampoco". 

Antier se murió Cheguaco, pero mientras exista un solo margariteño agricultor, un neoespartano defensor de su pueblo, un hombre rebelde y resistente a la masificación transcultural, un ciudadano identificado con los sentimientos sencillos prístinos de la humanidad, un cristiano que amó a Dios a su manera; mientras existan seres así no morirá Cheguaco. 

No tengo por ti, Cheguaco, ni un solo sentimiento triste. Tu sola presencia era humor en la piel, en tu verbo único y característico, en tus travesuras de niño grande. 

¡Cuántos momentos juntos de actividad utópica para hacer un mundo mejor!. 

Todos esperamos tu ayuda celestial para seguir soñando.

 

 


 

  • CHEGUACO EL TACARIGÜERO

AUTOR:     Letra, Música y Arreglo del Profesor Silvio Ramón Valdivieso.

FUENTE:  Revista MARGARITEÑERIAS N°5 II Etapa, Septiembre, Octubre 2000

Merengue Criollo

I

Cheguaco el Tacariguero

tuvo una satisfacción

al verse allá en La Asunción

con sus grandes compañeros

Felipe, Natera, Silvio y

Jesús Rosas Marcano

conversaron como hermanos

festejando la ocasión

"Ya que hace Quinientos años

que nos avistó Colón". (bis)

 

II

Y conversaron bastante

pero lo más especial

fue la parte cultural

ya que todos son brillantes.

Espero que en adelante

los cronistas y escritores

músicos y compositores

con esa misma alegría

"Celebremos otro día

y que sea pronto señores". (bis)