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El Espanto y el Periodista. 

Cuando uno lee los lunes la crónica policial del fin de semana, donde el saldo muertos y heridos por el hampa común es bastante grande,  recuerda los años vividos en Caracas cuando éramos estudiantes universitarios. Nosotros caminábamos a altas horas de la noche por las avenidas y calles de esta ciudad y nunca tuvimos incidentes que lamentar. Sólo uno, un pequeño asalto en el cual nuestro hermano Emil estuvo involucrado y que en estos días algunos de nosotros lo hemos recordado gracias a un testigo de excepción que pudo darse cuenta del hecho.

 

Hace más de veinte años, Emil caminaba por la avenida Urdaneta,  entre las esquinas de Ánimas y Platanal cuando fue abordado por dos jóvenes ladrones. Emil sintió un objeto punzo penetrante en la espalda y escuchó una orden de que les entregara todo el dinero que portaba. Este sacó de bolsillo de la chaqueta  dos billetes de cien, se voltio  para entregarlos. Los ladrones por instinto le arrebataron los billetes, vieron  a Emil una fracción de segundo y salieron corriendo como alma que mira al diablo. Emil lo observó, no le dio mucha importancia y siguió caminando hacia las esquinas de Desamparados a Teñideros, donde lo esperaba Gustavo en el Bar de Fliore.

 

A pocos metros, saliendo de cenar en la pollera El Coyuco,  un cuarto de pollo con matute incluido, Roberto caminaba hacia el mismo sitio que iba Emil,  cuando sintió una vibración. Dos jóvenes corrían desbocados. Los observó y se dijo: esos tipos son noticia dentro de poco. Alzó la vista, y vio a Emil. Este caminaba pausado. Fue fácil de alcanzarlo.

 

 Al estar junto a Emil, Roberto le preguntó: ¿Viste los tipos que iban corriendo? Emil le contestó: Me acaban de robar. -Como, y tú no hiciste nada- dijo Roberto.

-Que querías, Robertico, se me estropearan el rostro o que perdiera la vida-

-Pero que le hiciste que salieron espandados-

-Nada, todos los ladrones  roban y salen corriendo, o tú esperabas que después de robarme, me acompañaran a tomar unas cervezas  con Gustavo y contigo en el Bar de Fliore-.

- Esos tipos pronto van hacer noticia –

- A vaina Robertico, dedícate a tu diplomacia, que como periodista no vas a llegar a ninguna parte-.

- Esos ladrones se echaron una vaina- dijo Roberto y siguieron caminando al Bar de Fliore.

 

Al llegar al bar, encontraron a Gustavo acariciando a gata de Fliore. Roberto informó a éste de lo ocurrido. Gustavo, les dijo: -perdí la noche- . Emil, habló:- a mí no me robaron nada, lo que me quitaron fue la mesada que yo le doy a Yekho, así que no te preocupes y pide tres cervezas ya-. Gustavo, después de la tercera cerveza, comentó:- hay que tenerlas bien puestas para atracar a Emil en horas de la noche-.Roberto intervino rápidamente: - por eso es que esos tipos son mañana noticias, Tavo -. Emil tranquilo les dijo: - Ustedes como que quieren pagar la cuenta-. La noche transcurrió, Gustavo tratando de caerle bien a la hija de Fliore, Emil elaborando un plan para atacar una anfitriona que habían contratado en el Bar Juangriego y Roberto haciendo una especie de brainstorm de cómo sería la noticia del atraco, hasta  todos se fueron a acostar.

 

El otro día por la mañana, mi mamá escuchaba a Notirumbo, cuando una noticia sale al aire, después de tintineo de un pequeño xilofóno. Última hora. “En la avenida Urdaneta entre las esquinas de Ánimas y Platanal sabe un espanto”.

 

Dos jóvenes ingresaron al Hospital de La Cruz Roja de San Bernardino, con un fuerte shock nervioso. Los jóvenes presentaron la siguiente sintomatología:

-          Estaban más blanco que Abdón Vivas Terán –

-          Los cabellos más estirados que el promotor de boxeo Don King-

-          Los ojos brotados como ojos de sapo pisado por camioneta de petrolero-

-          Las extremidades superiores e inferiores muy tensa.-

-          Hediondísimos, parece que sus cuerpos segregaron todos sus fluidos. Perdieron la ropa.

-          No podía articular ninguna palabra.-

Después de un buen baño, una gran dosis de sedantes, pasaron algunas horas,  los galenos se dieron cuenta que los jóvenes parecían hijos de Aristóbulo, por el color. Empezaron a balbucear   palabras y fue cuando dijeron haberse encontrado de frente con un espanto. Uno de ellos decía algo que los médicos  no han descifrado aun: - que caro salieron los doscientos bolívares.

A las personas que transitan por la avenida Urdaneta, les decimos, mucho cuidado con espanto.

Seguiremos informando.

 

Roberto, al oír la frase “última hora”, se dijo para sí: esta es la noticia. Levantó solamente a Gustavo,  para que   la escuchara.  Gustavo reconoció la sensibilidad periodística de Roberto y le sugirió: Funda un Cívico y Emil te lo administra-. Mamá, que también la había escuchado la noticia, sintió que los muchachos ya estaban despiertos, fue a la sala donde se encontraban y les dijo un tanto preocupada:

-Mis hijos, ustedes que se la pasan de noche por la avenida Urdaneta, ¿no tiene miedo que le salga ese espanto¿-

 Gustavo tomó la palabra y le contestó: - No. Por que nosotros andamos con el espanto.-

 Avemariapurisima, dijo Mamá, al mismo tiempo que se percinaba. Respiró hondo y volvió a preguntar. ¿Ese espanto es bueno, o es malo¿.

Roberto y Gustavo, vieron de reojo a Emil que aun estaba  durmiendo y contestaron a unísono. -Es bueno de más-.

 

El día 27 de junio, día del Periodista, muchos nos sentimos muy contentos al ver a Roberto    recibir de manos del Presidente de la República, una Mención del Premio Nacional de Periodismo, el cual se hizo acreedor gracias a su estudio, trabajo y a su talento. Este relato me lo contó Él hace más de veinte años, lo que demuestra que desde  hace mucho tiempo, sentía pasión por el periodismo. Cuando lean sus memorias seguramente encontraran este mismo relato, de primera fuente y mejor escrito.