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El Hijo de Pedro A mi amigo P.D. Mata
Denis Rodríguez
Es la mañana del sábado veintiuno de julio de mil novecientos cuarenta y cinco, día de la Santa Práxedes, el Profeta Daniel y San Lorenzo de Brindis, una casa humilde de Tacarigua se llena de alegría por el nacimiento de un niño. Todos sus hermanos están muy contentos al ver el niño muy vivo, llorando con energía; un morenito brincado pidiendo a grito que lo dejen a su primohermano, a su primohermano, a su primohermano y Cunda la partera, satisfecha por el parto feliz da las instrucciones para el trato de la madre y el cuido del niño. El mismo día en horas de la tarde se baja de una camioneta Pedro, el Padre, trae dos sacos. Se monta uno el un hombro y el segundo lo lleva en su otra mano, camina rumbo a su casa, cerca de ella se encuentran Calixto y el Maestro Cango. El Maestro le dice: -Compái Pedro, le nació un nuevo hijo. -¡Qué vaina con mi mujer! No esperar hasta el veinticuatro* , dijo Pedro un poco contrariado. - No se tibié Compái, que ya hablo con Cunda para que le meta el niño otra vez en la barriga a la comadre y que nazca cuando UD quiera. Pedro celebró el chiste y continuó rumbo a su casa. Llegó, de dirigió al cuarto de su mujer, la beso y vio al niño, se sintió atraído por la expresión éste tenía, le pareció simpático. Una de sus hijas se acercó a su Padre con un almanaque de los Hermanos Rojas en la mano y le dijo: -Se llamará Daniel Lorenzo, Lorenzo Daniel. -Póngalo Práxedes, como el guardiero, dijo el mamadorcitoe’gallo, Chente el de Anamaría. -No, dijo Pedro con voz autoritaria. Se llamará Pedro Daniel, Pedro como yo y Daniel como el Profeta. Desde aquel día nació una excelente relación Padre-Hijo. En aquellos tiempos la vida era muy dura, había mucha pobreza pero también había mucha dignidad. Pedro sobrellevaba esa vida porque era una persona entusiasta, trabajadora, -todo trabajo honesto es bueno, decía, luchador: tenía una bodega, emprendía viajes de negocios por casi toda Isla, a veces se aventuraba hacerlo mismo por todo el oriente de tierra firme y cuando caía un aguacero en Tacarigua, alquilaba una tira de tierra y sembraba varías medías de maíz. Esa era su manera de luchar en la vida. Pedro le trasmitió a su hijo esa misma actitud de lo cual sentía orgulloso. Su pequeño hijo siempre cuando estaba en casa estaba a su lado; a la edad de cinco años le regaló un azadón y sintió gran alegría verlo salir para el conuco de turno con su el azadón en el hombro caminando erguido y paso firme como un soldadito de plomo. Fue buen agricultor su niño, pero Pedro deseaba para él otro destino. Pedro se llenó de gozo al ver el amor que sentía su hijo por los libros, este fue buen estudiante desde pequeño y cuando una tarde se enteró que en la Asunción, lo sacaron en hombro por ser el mejor estudiante del Instituto, ese día se tomó unos chelias de más y dijo por primera vez lo que repetiría hasta el último día de su vida: - ¡Aquí Margarita no hay vientre de madre que para un hijo como mi Peruchito! Pedro Daniel, el hijo de Pedro tiene sesenta años, el día de cumpleaños estaba en Caracas por razones de trabajo, dos tacarigüeros se aparecieron por el Hotel donde estaba hospedado, uno con una torta deliciosa para cantarle el felizcumpleaños y el otro con unos finos bombones los cuales se ha comido con suma paciencia y disfrute. Pedro es una excelente persona: buen hijo, buen esposo, buen padre, buen amigo, buen profesional, -según los entendidos, el mejor gerente de que ha dado Tacarigua-, buen tacarigüero, siempre solidario y entusiasta colaborador con todas las cosas que necesita su Pueblo, siempre alegre, siempre con ganas de tomarse un trago y siempre muy chistoso, tal como lo presintió su Padre que sería desde el mismo momento que lo vio nacer. Pedro y su Esposa están en el cielo, de vez cuando se asoman –como Carmelo- orgullosos y contentos a ver a su hijo Peruchito como lidia con éxito la aventura diaria de su vida y lo colman de bendiciones, bendiciones que él reparte entre su familiares y amigos.
Denis Rodríguez drrodrig@cantv.net
*En aquellos años el que nacía el día veinticuatro de julio, día del nacimiento de Libertador Simón Bolívar, el niño por lo general lo nombraban Simón y los organismos oficiales de daban una beca. Tal fue el caso de Simón Guerra, que nació ese día y el Gobierno le dio una beca, la cual consistía en proveerlo de zapatos maqueros por toda su vida, zapatos que éste usó siempre hasta que en la Isla de Margarita se instituyó la Zona Franca. Información dada por Domingo Carrasquero.
El pasquín de Chopo a mi amigo Teófilo -60- Gil Denis Rodríguez M drrodrig@cantv.net
- Levántate Teofilo para que entre Díos, decía por décima vez con el mismo tono afectivo y cariñoso, Taca, su abuela. Chopo dormía en un chinchorro ubicado en el medio de la sala de la casa, con una mano en el pecho y entre mano y pecho una hoja de cuaderno Alpes.
- Levántate Teofilo, para que entre Díos, que ya es
medio día. - Si Díos está muy apurado que pase por debajo de la puerta. Chopo, el día anterior se había tomado unas cervezas en el Bar y Cine Tropical celebrando que le habían pagado la beca a Pablo Moya y al salir rumbo a su casa recogió un pasquín que guardó y leyó cuando llegó a su ella. Desde el momento que leyó ese pasquín cambió su vida. El mensaje era un compromiso de amor, el más sublime y profundo que en su vida había leído. Pensando e imaginando como sería su nueva vida al lado de aquella muchacha alta, fina y más bonita de la calle Real, que le manifestaba ser su compañera para toda su vida, pasó casi toda la noche sin pegar los ojos. Se levantó, comió el desayuno, se vistió y salió a caminar por el Conchal, era sábado, caminó sin rumbo, vio a Mingo su hermanito y le enseñó el pasquín. Domingo el joven poeta, lo leyó con mucha calma si sólo le dijo: -Tienes la promesa de amor más linda de mundo. (Mingo se grabaría cada una de las frases y luego escribiría un poema con las mismas frases a su esposa, La Negra, que ha guardado para siempre). Esas palabras de Mingo lo llenaron de orgullo y alegría. Siguió caminando, se encontró con Pablo Moya y le dio a leer el pasquín. Pablo después de leerlo le comentó:
-Cortico, aún me queda una plática de la beca, que
tal si celebramos ese nuevo romance “casadeMello”. Chopo declinó la oferta, por
la sencilla razón que él era otro y ahora bebería en los momentos que ameritará
hacerlo. Debía demostrar que era un caballero. Se despidió de Pablo, siguió
andando, llegó
- Si estás enamorado de esa muchacha, como ella esta de ti, tienes que hacerlo de una manera seria, responsable, por si no, su mamá de dará un golpe que te mandará por los elementos y vas a quedar que no vas hacer gente mas nunca. Siguió caminando, pasó por el por el Bar, bajó hasta el Callejón de los Borrachos, doblo hacia casa de Valentín, volvió a la Iglesia y así paso unas horas haciendo el mismo circuito, viendo para todos los lados como pajarito en rama, pero no vio ese día a su adorada. Cansado de tanto caminar decidió volver a su casa, de regreso se encontró con su compai Tan, a cual también le refirió su enamoramiento y le enseño el pasquín. Tan leyó y exclamo: -¡Compaí Chopo esa muchacha lo que quiere es p….,! Chopo no dijo nada, pero sintió tristeza por su compaí Tan que a su edad no había sentido un amor tan hermoso y tan tierno como el que estaba viviendo en ese momento, y pidió a Díos que le repara su compaí un amor lo más rápido posible aunque fuera en su propia casa; pedido que fue concedido. -Abuelo, Abuelo estoy enamorado, le gritó su nieto. Chopo, dejo atrás sus recuerdos, volvió a su estado normal, el veintitrés del mes de julio cumpliría sesenta años y más de cuarenta y cinco años de haber encontrado el pasquín que aún conservaba en buen estado junto con otros documentos importantes de su vida. Vio a su nieto con cariño y le enseño el pasquín, este lo leyó, lo releyó y hablando como si conociera mucho de literatura romántica, dijo: -¡Que bueno escribía la abuela! Le voy a pedir que me haga una carta para mi novia, para que me ame siempre. Denis Rodríguez M drrodrig@cantv.net Peleas de gallos y gavilanes
Denis Rodríguez drrodrig@cantv.net
Cuando el coronel Chacón mudó su cuerda de gallos para Tacarigua, los galleros Tacarigueros de nuevo cuño, no ganaron una pelea más en la gallera de Cruz Gil. Tampoco tenían porque perder esos gallos, porque estaban cuidado por Carlos Moya, el mejor cuidador de gallos del país; ese señor los gallos malos los transformaban en gallos buenos y los gallos buenos en gallos extraordinarios, y por otra razón, estos gallos estaban no solo bien cuidados sino bien alimentado con buen maíz, friccionados con buen ron, en el ambiente más fresco y ventilado del Valle de Arimacoa. Mientras que los gallos de los noveles galleros Tacarigueros, apenas comían maíz cuando había, poco cuidados, flacos y por supuesto muertos de hambre. El gallo de Chopo, pasaban tanta miseria que el pobre de vez en cuando presionado por el hambre en vez de decir quiquiriquí decía en perfecto castellano: “demendecomercarajo”. De la misma casta habladora era el gallo de Aníbal, regalo de su padrino Esteban Rivero, que vivió gracias a mamá que se condolía de ese pobre animal.
Cada semana la fama de coronel Chacón crecía gracias a sus gallos y la gente de Pueblo sólo iba a la gallera de Cruz Gil para ver cuando pedía un gallo del Coronel. Así como la fama de Coronel crecía, también crecía el reconcomio en los muchachos galleros del Pueblo, así como el deseo de echarle una vaina. El más bravo era Héctor Damiano “Tico”, que cada vez inventaba algo de cómo echarle una vaina, pero ninguna eran factible, hasta que Peruchito, el más inteligente, llegó un propuso la siguiente: Hacer pasar un gavilán por gallo. ¿Cómo? Preguntó Tan el de Valentín. Peruchito con lujo de detalles explicó el como. Primero, hay que ir al Copeycillo y buscar un gavilán pío-pío, no tao-tao, porque el primero se parece más a un gallo. A la semana, Pablo y Cayetano Nana habían atrapado un gavilán pio-pio. Segundo, ir casa Gene el Regino y que lo afeite como un gallo. Tercero, las espuelas que debe colocarse al gavilán se deben ir a comprar al Tirano donde últimamente las están haciendo bien buenas. Machito sugirió que ponían reconocer el gavilán por las orejas y Charito propuso que robarán una tripa de rueda bicicleta de color rosado al Policía Carachana, y que Chumón se encargara de hacer las orejas y creta y se la pegara al gavilán. El gavilán fue cogiendo tal forma que a los viejos galleros que lo vieron transformado en gallo no pudieron darse cuenta de la operación realizada. Siempre estuvo presente un problema que no pudieron resolver que fue: que dar de comer al gavilán.
Llegó el viernes, día de gallera y todos los muchachos estaban convidados para la echarle la vaina al coronel Chacón. Llegaron en cambote, Tico llevaba en saco de lona con el gavilán adentro. Esperaron hasta la llegada de Coronel.
-Le juego mi gallo a cualquiera de los suyos por cien pesos, dijo Tico -Me permite verlo, dijo el Coronel. -Esta pelea es a gallo tapado. -No juego a gallo tapado. -El Coronel tiene miedo, gritó Chopo el de Mariana de lejos y los demás muchachos hicieron coro: -El coro tiene miedo, el coro tiene miedo, el coro tiene miedo. -¡Qué carajo de coro!, Coronel. -El coro tiene miedo, el coro tiene miedo, el coro tiene miedo. seguían gritando los privantes galleros tacarigüeros -No tengo miedo nada, va el juego, dijo el Coronel, enseñándole de paso una cacha de revolver al Tico.
Un niño observaba lo que estaba pasando mientras compraba un pastel.
Todas las personas entraron a la gallera y se sentaron en sus puestos para presenciar la pelea, Mingo fue el encargado de sacar el gavilán del saco, llevarlo al redondel y presentarlo al gallo del Coronel: Se hicieron las apuestas y se soltaron los gallos. Tico estaba atento a lo que hacía el Coronel, y no pasó ni un minuto cuando el esté miró a Tico con rabia y se llevó la mano hasta la cacha del revolver. Tico saltó de forma tal que cayó en la puerta de la gallera, salió a la calle principal y cogió rumbo a Juangriego. Detrás pero más lento debido a su gran panza, salía por la puerta de la gallera el Coronel disparando, llegó a la calle principal, pero gracias al Corazón de Jesús, cogió rumbo a la Asunción. Tico pudo ese mismo día en la tarde embarcase en la lancha María Rosario e irse para el Tigre por diez largos años.
Un niño que en ese momento iba comiendo un pastel cerca de la gallera casi es atropellado por Tico en su carrera y cuando sintió los tiros se lanzó al suelo y terminó vomitando el pastel.
Ese día es mundo gallístico de Tacarigua cambió: los muchachos que querían ser galleros se dedicaron a estudiar y a trabajar, la gran mayoría nunca más fue a la gallera de Cruz Gil; el Coronel Chacón se llevó su cuerda de gallos para otra parte, aunque de forma periódica se daba una vuelta por el Pueblo.
Así pasaron diez largos años y la luz del retorno hizo que Tico regresara a Tacarigua. Cuando piso la tierra, vio la Iglesia, caminó hacia su Conchal, sintió un nudo en la garganta, se el atragantó la dicha y llegó a la conclusión que necesitaba un palo de ron Chelía, se devolvió y entró en la bodega de Ernesto Ordaz, compró un cuartito, se tomó la mitad, sintió que la garganta se abrió de par en par para dejar pasar ese buen ron, mientras que sus las lagrimas que estaban de la orilla de los ojos saltaban de emoción. En ese momento sintió que un conocido le tocaba el hombro, voltio y se encontró con los mismo ojos que lo vieron con mucha rabia el día que salió corriendo de Tacarigua, pero esta vez eran diferente.
-No tenga miedo y déme un palo ron, le dijo Coronel. Le dio gracias a Dios que UD se fue corriendo y que yo no le di un tiro, porque lo hubiera matado, pero yo me habría desgraciado la vida, así que déme la mano que ya no le guardo rencor, lo pasado pasó.
Tico le dio la mano al Coronel, sonrió por primera vez por la vaina que le echó y sólo preguntó: -¿Cómo supo UD que no era un gallo? -Muy sencillo: los gallos pican y escupen. Su gallo picaba y tragaba por lo cual entré en sospecha que me estaban echando una vaina, vi cuando se le cayó una oreja y en ese momento supe que era un gavilán pío-pío.
El niño que en ese momento estaba en la gallera de Cruz Gil, me contó este cuento hace unos días cuando pasaba vacaciones de semana Santa en Tacarigua. Ese niño de ayer es Alcides el de Andreíta.
Saludos Tacarigüeros,
Denis Rodríguez drrodrig@cantv.net
COSME DAMIÁN GÓMEZ Denis Rodríguez
El ilustre margariteño Cosme Damián Gómez cumplió 66 años el pasado 27 de septiembre. No fueron muchas las personas que acordaron de él en esa fecha; una persona que sí lo hizo fue su hermano morocho quién según Cosme Damián se ha hecho famoso hablando y escribiendo sobre él. El día que nació Cosme Damián Gómez su padre abrió toneles de ron Cruzgrande y emborrachó a todos los hombres del puerto por que había nacido el que más tarde sería gran capitán de barco. Ese día un tacarigüero que estaba presente, Pedronegro, cogió una pea tan grande que le duro sesenta y cinco años hasta el día de su muerte. Ni Cosme Damián Gómez ni su hermano morocho pisaron jamás cubierta de un barco ni el ron Cruzgrande volvió a emborrachar a nadie. Sin embargo Cosme Damián Gómez fue el primer margariteño que se montó y manejó un avión DC-3 de la empresa Transporte Aéreo Compañía Anónima, TACA, cuando fue a estudiar a Tierra Firme. Cosme Damián Gómez se mantiene muy bien físicamente gracias a que el Dr. Freeland, el doctor de Pampatar, que lo curó muy bien de vómito y diarrea y le aseguró que viviría muchos años; lleva una vida cómoda, tranquila y asegura que todo lo que necesita saber lo aprendió en el Puerto. Fue instruido por Argenis amordivino en el arte de amar, por eso ha tenido más de veinte mujeres y no se ha casado con ninguna; se ha dedicado a la escritura y a la poesía; como todo buen escritor margariteño que se aprecie de serlo, ha tenido aventuras con chinamos, colmillonas, duendes, chiniguas, espantos y otros seres del otro mundo; dice que una vez vio como subía por los elementos el cura Francisco de Villacorta cerca de valle de Espíritu Santo y que en otra ocasión hizo correr a unos espantos; cuentan Canuta que a Cosme Damián Gómez lo consiguieron un día todo magullado debajo del Puentesucre y diciendo que unos muchachitos cabezones lo habían puesto en ese estado y ella fue le dijo: eso te pasa por pendejo porque con esos seres del otro mundo no se juega. Conseguí a Cosme Damián Gómez hace una semana en el morro de Puerto, lo salude, lo felicité por su cumpleaños y hablamos largo rato. Le pregunté que estaba haciendo: - Escribiendo, escribiendo mucho. Tengo casi lista una novela, una buena novela. - ¿Quieres parecerte a tu hermano morocho? - Es el quien quiere parecerse a mí todo el tiempo, muchas veces se hace pasar por mí, y ha hecho que nadie sepa que somos dos hermanos morochos. Pero no eso yo no lo he dejado de querer. Mi hermano es un eminente y virtuoso escritor, poeta, científico, historiador, esta gordo y lleno de gozo por verse, viviendo, andando con buen nombre en la lengua de la gente, impreso y en estampa, todo gracias a mí. Pero amigo Denis le digo una cosa: la novela que estoy escribiendo es extraordinaria, mas que Salitre el mejor libro que se escrito hasta ahora en Margarita. Esperaré ansioso la próxima novela de Cosme Damián Gómez. Denis Rodríguez
Crónicas de conucos y de cachapas a mi compadre Chendo
Denis Rodríguez Caracas/2004
-Tienes que sembrar y cosechar estos granos de maíz- le dijo Anita, son especiales y de inmediato le entregó a Chendo en sus manos tres medidas del maíz. Este se despidió de su madre y su hermana y se fue caminado a su casa. El maíz le pesaba, se detuvo y se sentó en un banco de la placita de la Iglesia. Recordó cada una de las palabras de Anita “ Estos granos de maíz me lo regaló una colega mexicana en un congreso de agronomía, ella me dijo ser descendiente directa de los indios aztecas, le creí porque era muy fea, me aseguró que estos granos eran muy especiales por que con su masa se hacían los alimentos que se ofrendaban a los dioses en la pirámides truncadas, entre ellos Templo Mayor cerca de Tenochtitlán y los que comían los reyes como Moctezuma II y su sobrino, el último rey azteca Cuauhtemóc. Las tierras cercanas a Tenochtitlán eran muy áridas pero esta especie de maíz crecía su ningún problema, ni los terremotos ni volcanes podían ella. Es una especie extra resistente y de una calidad excepcional la masa que de ella se extrae. Tienes que sembrarla en el cerro de Paraguachí. Hace pocos días en Margarita habían caído dos lluvias muy grandes y aún el suelo estaba húmedo. Muchas personas ya habían sembrado sus conucos. En esos momento le vino a la mente de Chendo los versos de la espinela “en Tacarigua al caer un aguacero todo el que tiene dinero por un peón solicita…., pero él no lo había hecho. De repente vio venir tres peones buenos: Gustavo, Millo y Juan Romero. Venían muy alegres, en sus caras tenían reflejada la promesa cierta de agarrar una pea esa noche. Chendo los convidó a sembrar el día siguiente, prometiéndoles desayuno, almuerzo, -pellejo de puerco con frijol- y unas cervezas frías, para que se sacaran el ratón. Gustavo le preguntó: -¿Tu no vas mañana sábado por la mañana para Tocuchare? - Si voy, pero en la tarde. A las cinco de la mañana del sábado, Chendo salió para su tira de tierra en el cerro de Paraguachí con tres totumas de maíz remojado listo para la siembra, A la seis el Sr. Cabrera le comentaba a su esposa la Sra. María. - Chendo no pasó ni a tomar café ni a despedirse. - ¡Qué Dios los cuide y los acompañe! - ¡Qué gocen bastante! A las nueve de la mañana llegaron al cerro los tres peones. Chendo a esa hora ya había hecho café, desayuno, -arepas y carachanas saladas a la plancha-, había preparado las verduras para el sancocho, enfriado las cervezas y como un gran artista del azadón había covado los huecos en las tres cuartas partes de la tira de tierra. Los peones comieron y se pusieron a sembrar, Gustavo iba de primero mientras que los dos universitarios: Millo de segundo y último Juan Romero que terminaba una línea y se sentaba sobre una piedra a descansar. A las once Chendo terminó de covar, ayudó unos minutos a su primo Juan, luego fue a buscarles a los peones unas cervezas y luego se dedicó a terminar el sancocho de pellejo de puerco con fríjol. Al poco tiempo terminó Gustavo, luego Millo y último Juan. Chendo les sirvió el sancocho, cervezas y los dejó en el conuco. En la tarde salió para la playa de Tocuchare a pasar la semana Santa como ya era su costumbre. En esos siete días de recogimiento matrimonial, familiar, espiritual y espirituoso en los momentos que le quedaba libre se recordaba de su malojito. Cuando iba a Cumaná llamaba por teléfono a su hermana Anita para preguntarle si había llovido en la isla. Las noticias que llegaban de Margarita eran que habían unos soles muy fuertes y que la tierra ya estaba seca. Chendo regresó el sábado por la mañana, -la única vez en su vida que ha pasado menos tiempo en Tocuchare, en una semana Santa-, dejó a su familia y fue a buscar a Gustavo para ver el malojo. Los dos fueron al el cerro de Paraguachí, todo estaba seco empezando por el Portachuelo, iban mas bien triste, sintiendo sus esperanzas perdidas, llegaron al cerro y abrieron el portón del conuco. La sorpresa fue muy grande: el malojo estaba de un verde brillante, como de dos cuartas de altos, era una belleza ese corte de malojo, la cepa de maíz parecían al talle alto y hermoso de las tiraneras que venían a vender pescado a Tacarigua; iban recorriendo toda la tira cuando vieron algo que lo hizo detener en seco: vieron una piedra en el aire como la casa de Analuz, lentamente se acercaron a ella y cual sería su sorpresa que esa piedra se apoyaban sobre un ciento de matas de maíz. Esas matas estaban rígidas, serenas soportando el peso de la piedra, sin pandeo lateral aparente. Chendo y Gustavo comprobarían que la piedra pesaba como treinta kilos. Gustavo dijo: -Juancito hizo esto, con razón anoche andaba con un lumbago por cargar esa piedra. Él cree que las cosas nunca se saben, como esto y que está enamorado y se va casar con Yaya. -Razón tenía Anita – dijo Chendo, este un maíz especial por ser para los dioses. Chendo, le habló sobre la identidad azteca del maíz a Gustavo, pero que no se lo dijera a nadie. Este guardó el secreto por más de veinte años. Aunque no llovió más, las seis semanas ya Chendo, familiares y amigos comieron buenas cachapas. Desde ese año en el conuco de Chendo, en el cerro de Paraguachí, se come una de las mejores cachapas del mundo, sobre todo si se acompañan con chicharrones, cervezas, en un ambiente familiar, bajo el azul del cielo margariteño y contemplando a lo lejos el azul del mar Caribe. Denis Rodríguez
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