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LA GUERRA DEL
CHICHARRÓN
Jesús "Chúa" Salazar González
jesus.salazar@cemex.com.ve
Al
igual que el bagre guatero ha cumplido durante milenios
su misión ecológica
en los mares y lagunas de Margarita, los puercos trompa larga
ejercieron esa misma actividad en tierra durante mucho tiempo,
Pareciera que entre ellos se hubiese sellado en algún momento un pacto
de honor, cuyo único objetivo fue siempre el sanear su hábitat, y de
alguna manera dar una lección al humano en lo tocante a normas
sanitarias.
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Otras veces, el dueño de la
mercancía prefería hacer el mismo la matanza..... |
Particularmente en
Tacarigua, los trompa larga llevaron a cabo esa misión con mucha
eficacia, persiguiendo con su muy desarrollado olfato a los pobladores,
que a falta de un lugar adecuado, se veían obligados a hacer sus
necesidades en cualquier sector del corral o conuco circundante a sus
lugares de residencia Durante mucho tiempo la especie Trompa larga se
mantuvo incólume, proveyendo la materia prima para la elaboración de
los exquisitos chicharrones que con mucha abundancia se comercializaron
en el pueblo en otras épocas. Esta situación se mantuvo invariable en el
tiempo, hasta que empezaron a introducirse cambios que conllevaron
irremediablemente a LA GUERRA DEL CHICHARRÓN.
Los trompa largas
eran criados en diferentes escenarios (corrales cerrados o abiertos), y
alimentados normalmente con sobras de sancochos, algunas especies
vegetales tales como cepas de plátano, pira, verdolaga, auyamas y
patillas pasmadas o pasadas de maduro, tuzas de maíz tierno, pandelaño y
yuca aguada. Los mas privilegiados podían recibir en algún momento
alguna ración del agua remanente del maíz sancochado mezclada con nepe,
que su dueño con muchos sacrificios, pudiera suministrarle.
Esta dieta tan particular y monótona hacía que no existiera una marcada
diferencia en cuanto a sabor se refiere, entre un chicharrón obtenido de
un trompa larga a otro. Una vez cumplido su ciclo de crecimiento y
engorde, la mercancía era negociada a pie de corral, y trasladada al
matadero particular de cada uno de los chicharroneros. Otras veces, el
dueño de la mercancía prefería hacer el mismo la matanza, y aumentar su
margen de ganancia al venderlo ya despresado
Dentro de la
industria chicharronera Tacarigüera
hubo muchos actores, no obstante los mas destacados entre ellos fueron
dos: Valentín y Nicanor. Ellos dedicaron buena parte de su actividad
comercial a la compra del trompa larga a pie de corral o despresado,
para luego distribuirlo, ya transformado, en chicharrón.
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La
calidad era de tal magnitud, que muchos compradores de otras
poblaciones llegaban al pueblo en busca de la mercancía.... |
No podemos decir
que hasta ese momento hubiese alguna competencia por mantener el
monopolio del negocio, ya que en realidad el producto terminado de ambos
comerciantes era de una excelente aceptación; ello debido por supuesto,
a que la procedencia de la materia prima era similar.
La calidad era de tal magnitud, que muchos compradores de
otras poblaciones llegaban al pueblo en busca de la mercancía, la cual
compraban al mayoreo, para luego venderla detallada en sus pueblos de
origen.
Este estandar de
calidad se mantuvo durante muchos años, hasta que los Organismos
Oficiales decidieron emprender la construcción de escusados en cada una
de las viviendas del pueblo. Esta decisión vino a introducir un cambio
bien significativo en el sabor de los chicharrones. Fue a partir de ese
entonces que empezó a percibirse que algo faltaba o había alterado el
sabor del exquisito manjar. La primera señal la dieron lo foráneos
mayoristas quienes poco a poco fueron dejando de aparecer por el pueblo
en busca de las maras del producto. Este evento causó gran impacto en la
economía Tacarigüera, pues la venta de chicharrón era una buena fuente
de entrada de divisas.
A partir de ese entonces empezaron a complicarse las cosas.
Tanto los chicharroneros como los criadores del trompa larga vieron
mermadas sus ganancias; y realmente lo que les causaba más indignación,
era el no conocer a ciencia cierta la razón específica del
desmoronamiento del negocio. Unos alegaban que la calidad del nepe
suministrado por Ernesto Ordaz ya no era la misma, y se cambiaban de
proveedor, haciendo un largo trayecto hasta los almacenes de Emilio
Quijada; pero los resultados eran los mismos: Chicharrones insípidos.
Otros atribuían el cambio a las constantes sequías que impedían que la
pira creciera en su máximo esplendor, negándole nutrientes a la cepa
Llegaron a asociar el evento, hasta con la maldición de feroz. Muchos
desistieron con el tiempo de esta actividad y se dedicaron a la siembra;
pero Valentín y Nicanor no estaban dispuestos a declinar tan fácilmente.
Ellos tenían el compromiso de buscar una salida a tan complicado dilema,
o de lo contrario serían condenados
irremediablemente a la quiebra total.
Fue por pura casualidad que el negocio volvió a estar en el
tapete de la rentabilidad. Teodoro Gil estaba criando un trompa larga al
cual alimentaba con chocoras pasadas de maduro, auyamas pasmadas,
mangos, cepas de plátano y algo de nepe. En algún momento se le coló
dentro de esa dieta un mango con trementina, y el animal comenzó a
sufrir de calambres en las coyonturas y mas luego parálisis total.
Temeroso de que se le muriera sin sacarle ningún provecho, se lo
ofreció en venta a Valentín por la mitad de su verdadero precio. Una vez
convertido el lechón en chicharrón, se percibió un aroma diferente. Del
olor pasaron al sabor, y Valentín no pudo evitar un grito de
satisfacción. Conocedor del incidente de la trementina, asoció el mismo
con el resultado obtenido, y decidió en ese momento ser el único dueño
de su secreto. A partir de ese entonces, solo hacia negociaciones a pie
de corral. No aceptaba animales muertos. Trazó su estrategia muy bien
planificada y construyó un corral,
en el
cual confinaba por no menos de una semana, a los trompa larga recién
adquiridos. Durante ese lapso solo les suministraba mangos con
trementina. A decir años después por el propio Valentín, se trataba de
un aderezo en carne viva. El éxito fue total. Nuevamente se recuperó la
clientela y la prosperidad volvió a florecer, con la diferencia de que
la misma, arropaba a tan solo un comerciante.
A través del cristal de sus lágrimas, Nicanor contemplaba el
crecimiento vertiginoso del negocio de su competidor, mientras el suyo
se desmoronaba en franca decadencia. Miraba con asombrosa consternación
como los pobladores se presentaban arepa en mano en los alrededores de
la chicharronera de Valentín, y tan solo el olor del manjar les era
suficiente para degustar la misma. Así que decidió mandar al carajo la
dignidad, y una tarde se presentó casa de su adversario con la
pretensión de que este le revelara su secreto.
Al recibir la negativa por parte de su homólogo, no le quedó
otro recurso que emprender una competencia desleal, dándose de esta
manera inicio a LA GUERRA DEL CHICHARRÓN.
La primera acción de Nicanor fue la de bajar a la mitad del valor
real el precio de su producto; pero esta estrategia no le funcionó, y
terminó con un serio déficit . No obstante, hizo caso omiso del balance
contable, y llegó a ofrecer la mercancía a precios irrisorios, y en
algunos momentos hasta gratis. Estas decisiones, por poco lo llevaron a
la quiebra total. Valentín por su parte navegaba en el mar de la
prosperidad y se daba el lujo de aprovechar cualquier oportunidad para
promocionar su producto. Tanto era así, que cuando llegaron a pedirle
colaboración para la compra de los caramelos de aquellos Carnavales en
los que reinó PETRA I, el hizo la propuesta, y le fue aceptada, de que
en lugar de caramelos, se lanzaran chicharrones desde la carroza.
Producto de la depresión, Nicanor buscó refugio en la bebida, y fue en
una de esas noches cuando se encontraba en el bar de Chico Melchora
donde conoció a a Frank Smith.
Este
era un Canadiense que había trabajado con la Soconi en la explotación de
petróleo y que había sido despedido por su alto apego al alcohol.
Enterado de los acontecimientos, Smith manifestó el tener la solución
del problema, y convenció a Nicanor para que le costeara un viaje a su
lugar de origen. El trato se llevó a cabo, y meses después Frank Smith
se presentó en el pueblo con un cazar de cochinos colorados cuyas
proporciones anatómicas superaban en mas de cien por ciento al enclenque
trompa larga. Fue de esta manera como se introdujo la raza del cochino
americano en el pueblo y que permitió a Nicanor volver a la palestra del
negocio chicharronero. Con el tiempo hasta el propio Valentín solo
aceptaba cochinos americanos para su procesamiento, empujando para
siempre al trompa larga al precipicio de la extinción. |