images/stories/ImagenesSlider/Cheguaco1.jpg
images/stories/ImagenesSlider/Cheguaco10.jpg
images/stories/ImagenesSlider/Cheguaco11.jpg
images/stories/ImagenesSlider/Cheguaco12.jpg
images/stories/ImagenesSlider/Cheguaco2.jpg
images/stories/ImagenesSlider/Cheguaco3.jpg
images/stories/ImagenesSlider/Cheguaco4.jpg
images/stories/ImagenesSlider/Cheguaco5.jpg
images/stories/ImagenesSlider/Cheguaco6.jpg
images/stories/ImagenesSlider/Cheguaco7.jpg
images/stories/ImagenesSlider/Cheguaco8.jpg
images/stories/ImagenesSlider/Cheguaco9.jpg

PALABRAS

Publicado en: Olivia Villoria

Por: Olivia Villoria Quijada
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

Si de algo debiéramos estar atentos nosotros, los hijos, es de las palabras de nuestros padres y abuelos: ellas son tesoros invalorables. No estaría mal que nos convirtiéramos en una suerte de esponjas que beben hasta la última gota del agua que se les ofrece. ¿Para qué?, podría preguntarse alguien. Pues, sencillamente para recoger las tradiciones y preservar nuestra identidad. Todos debemos ser responsables de esto.

Desde julio de 2002 he estado recolectando y transcribiendo los poemas, refranes, decires, etc. que continuamente expresa mi mamá -Marina Isabel Quijada González- a partir de las vivencias de su infancia y juventud transcurridas en El Salado, Estado Nueva Esparta, donde nació un 18 de julio de 1916.

La cantidad y diversidad de expresiones reflejan la riqueza de sus recuerdos y, seguramente, de la tradición oral margariteña. Creencias y valores que se reflejan en textos donde hay humor, ironía, desilusión, indecisión, sexualidad, etc. Canciones infantiles y juegos que acompañan el crecimiento de los niños y la diversión de los jóvenes. Refranes y dichos, breves y contundentes, que revelan maneras de pensar sobre multiplicidad de asuntos.

Resulta difícil seleccionar entre tantos materiales aquellos que quisiera compartir en esta oportunidad. Posiblemente -espero, deseo- serán familiares a muchos de ustedes. Pero si no lo fueran, sería deseable recolectarlos para transmitirlos a las generaciones que nos siguen. Luego de pensarlo bien, me decidí por varios de aquellos que tienen que ver con uno de los temas que me apasionan: el amor, y su otra cara, inevitable, omnipresente: el desamor.

El primero me encanta, pues alude a aquello que han descrito muchos psicólogos y psiquiatras en relación con el amor de pareja, y que nosotros hemos experimentado aunque ningún especialista nos lo haya dicho: esa especie de ceguera que sentimos ante el ser amado y que nos hace ver o magnificar cosas que no están presentes, pero que es propia de cualquier relación de amor, entre ellas por ejemplo, la de madre-hijo.

El que a feo ama
Bonito le parece.

El siguiente canta el abandono por parte del objeto de amor y el consecuente guayabo, y lo hace con una rabia que no deja de sorprender:

Qué importa, torta
Que tu amor se pierda, mierda
Me dijiste que me querías, porquería
Y me dejaste por un compadre, coño´e madre

El último es melancólico, pleno de esa nostalgia que nos hace anhelar la presencia del ser querido. Por su contenido, descubre los encuentros que se dan de manera esporádica, quién sabe por qué razón, pero, sea cual fuese la misma, o gracias a ella, no lo sé, mantiene vivo el fuego de la pasión.

De domingo a domingo, te veo la cara
¿Cuándo será domingo, bien de mi alma?

Comentarios (0)

Déje un comentario

Usted está comentando como invitado.

Cancelar Enviando comentario...

Ventana Margariteña