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Peleas de gallos y gavilanes

Publicado en: Denis

Denis Rodríguez
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Cuando el coronel Chacón mudó su cuerda de gallos para Tacarigua, los galleros Tacarigueros de nuevo cuño, no ganaron una pelea más en la gallera de Cruz Gil. Tampoco tenían porque perder esos gallos, porque estaban cuidado por Carlos Moya, el mejor cuidador de gallos del país; ese señor los gallos malos los transformaban en gallos buenos y los gallos buenos en gallos extraordinarios, y por otra razón, estos gallos estaban no solo bien cuidados sino bien alimentado con buen maíz, friccionados con buen ron, en el ambiente más fresco y ventilado del Valle de Arimacoa. Mientras que los gallos de los noveles galleros Tacarigueros, apenas comían maíz cuando había, poco cuidados, flacos y por supuesto muertos de hambre. El gallo de Chopo, pasaban tanta miseria que el pobre de vez en cuando presionado por el hambre  en vez de decir quiquiriquí decía en perfecto castellano: “demendecomercarajo”. De la misma casta habladora era el gallo de Aníbal, regalo de su padrino Esteban Rivero, que vivió gracias a mamá que se condolía de ese pobre animal.

Cada semana la fama de coronel Chacón crecía gracias a sus gallos y la gente de Pueblo sólo iba a la gallera de Cruz Gil para ver cuando pedía un gallo del Coronel.  Así como la fama de Coronel crecía, también crecía el reconcomio en los muchachos galleros del Pueblo, así como el deseo de echarle una vaina. El más bravo era Héctor Damiano “Tico”, que cada vez inventaba algo de cómo echarle una vaina, pero ninguna eran factible, hasta que Peruchito, el más inteligente, llegó un propuso la siguiente: Hacer pasar un gavilán por gallo. ¿Cómo? Preguntó Tan el de Valentín. Peruchito con lujo de detalles explicó el como. Primero, hay que ir al Copeycillo y buscar un gavilán pío-pío, no tao-tao, porque el primero se parece más a un gallo. A la semana, Pablo y Cayetano Nana habían atrapado un gavilán pio-pio. Segundo, ir casa Gene el Regino y que lo afeite como un gallo. Tercero,  las espuelas que debe colocarse al gavilán se deben ir a comprar al Tirano donde últimamente las están haciendo bien buenas. Machito sugirió que ponían reconocer el gavilán por las orejas y Charito propuso que robarán una tripa de rueda bicicleta de color rosado al Policía Carachana, y que Chumón se encargara de hacer las orejas y creta y se la pegara al gavilán. El gavilán fue cogiendo tal forma que a los viejos galleros que lo vieron transformado en gallo no pudieron darse cuenta de la operación realizada. Siempre estuvo presente un problema que no pudieron resolver que fue: que dar de comer al gavilán.

Llegó el viernes, día de gallera y todos los muchachos estaban convidados para la echarle la vaina al coronel Chacón. Llegaron en cambote, Tico llevaba en saco de lona con el gavilán adentro.  Esperaron hasta la llegada de Coronel.

-Le juego mi gallo a cualquiera de los suyos por cien pesos, dijo Tico

-Me permite verlo, dijo el Coronel.

-Esta pelea es a gallo tapado.

-No juego a gallo tapado.

-El Coronel tiene miedo, gritó Chopo el de Mariana de lejos y los demás muchachos hicieron coro:

-El coro tiene miedo, el coro tiene miedo, el coro tiene miedo.

-¡Qué carajo de coro!, Coronel.

-El coro tiene miedo, el coro tiene miedo, el coro tiene miedo. seguían gritando los privantes galleros tacarigüeros.

-No tengo miedo nada, va el juego, dijo el Coronel, enseñándole de paso una cacha de revolver al Tico.

Un niño observaba lo que estaba pasando mientras compraba un pastel.

Todas las personas entraron a la gallera y se sentaron en sus puestos para presenciar la pelea, Mingo fue el encargado de sacar el gavilán del saco, llevarlo al redondel y presentarlo al gallo del Coronel: Se hicieron las apuestas y se soltaron los gallos. Tico estaba atento a lo que hacía el Coronel, y no pasó ni un minuto cuando el esté miró a Tico con rabia y se llevó la mano hasta la cacha del revolver. Tico saltó de forma tal que cayó en la puerta de la gallera, salió a la calle principal y cogió rumbo a Juangriego. Detrás pero más lento debido a su gran panza, salía por la puerta de la gallera el Coronel disparando, llegó  a la calle principal,  pero gracias al Corazón de Jesús, cogió  rumbo a la Asunción. Tico pudo ese mismo día en la tarde embarcase en la lancha María Rosario e irse para el Tigre por diez largos años.

Un niño que en ese momento iba comiendo un pastel cerca de la gallera casi es atropellado por Tico en su carrera y cuando sintió los tiros se lanzó al suelo y terminó vomitando el pastel.

Ese día es mundo gallístico de Tacarigua cambió: los muchachos que querían ser galleros se dedicaron a estudiar y a trabajar, la gran mayoría nunca más fue a la gallera de Cruz Gil; el Coronel Chacón se llevó su cuerda de gallos para otra parte, aunque de forma periódica se daba una vuelta por el Pueblo.

Así pasaron diez largos años y la luz del retorno hizo que Tico regresara a Tacarigua. Cuando piso la tierra, vio la Iglesia, caminó hacia su Conchal, sintió un nudo en la garganta, se el atragantó la dicha y llegó a la conclusión que necesitaba un palo de ron Chelía, se devolvió y entró en la bodega de Ernesto Ordaz, compró un cuartito, se tomó la mitad, sintió que la garganta se abrió de par en par  para dejar pasar ese buen ron, mientras que sus las lagrimas que estaban de la orilla de los ojos saltaban de emoción.

En ese momento sintió que un conocido le tocaba el hombro, voltio y se encontró con los mismo ojos que lo vieron con mucha rabia el día que salió corriendo de Tacarigua, pero esta vez eran diferente.

-No tenga miedo y déme un palo ron, le dijo Coronel. Le dio gracias a Dios que UD se fue corriendo y que yo no le di un tiro, porque lo hubiera matado, pero yo me habría desgraciado la vida, así que déme la mano que  ya no le guardo rencor, lo pasado pasó.

Tico le dio la mano al Coronel, sonrió por primera vez por la vaina que le echó y sólo preguntó:

-¿Cómo supo UD que no era un gallo?

-Muy sencillo: los gallos pican y escupen. Su gallo picaba y tragaba por lo cual entré en sospecha que me estaban echando una vaina, vi cuando se le cayó una oreja y en ese momento supe que era un gavilán pío-pío.

El niño que en ese momento estaba en la gallera de Cruz Gil, me contó este cuento hace unos días cuando pasaba vacaciones de semana Santa en Tacarigua. Ese niño de ayer es Alcides el de Andreíta.

Saludos Tacarigüeros,

Denis Rodríguez
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